Volar por el agua


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La pasión por el kite copó la Laguna de Lobos. Viento, agua y un deporte cargado de adrenalina. Adrián Gómez, el hombre que trajo la fiebre del kite a nuestra ciudad.

 

Cuando la app windguru indica que las condiciones son óptimas, Adrián Gómez con sus 50 años se hace un lugar en su local de aberturas en Lobos, prepara el equipo de kite y se va a la laguna a volar.

La pasión por el kite le arranco hace 12 años: “íbamos con la familia a San Clemente de vacaciones y siempre veía como hacían kite, esto me gusta le decía a mi familia.”

Adrián aparte de las aberturas se dedicaba a realizar filmaciones sociales, cumpleaños de 15, casamientos y esas cosas. Sus días laborales eran muy intensos y no tenía lugar para este deporte que tanto le llamaba la atención. Logró hacerse un lugar, dejo las filmaciones y se compró un equipo que ronda los Uss1000.

Algunos de sus amigos que se dedicaban al windsurf se pasaron al Kate: Mario Capeletti, Andres Egli, Patricio Matiz, Luis Don, Cristian Flamini y  Juan Battista.

Adrián Gómez, pionero del kite en Lobos.

 

“En aquel momento no estaba homologada la actividad, ahora tenes que tener título y esas cosas…por miedo a que pase algún accidente”, recuerda Adrián. “Este deporte depende mucho del viento, no es como el futbol…se juntan 10 y sale un partido. Acá si no hay viento no se juega. Esto hace que quizás estes un mes mirando los vientos y no salís ni un día, te desgasta la espera”.

 

 

PACIENCIA A TODA PRUEBA. Días esperando a que llegue el viento justo. Cuando el clima lo permite, los amantes del kite postergan todo con tal de salir al agua.

 

El kite no lleva grandes aptitudes físicas, si tiene mucha técnica. No es un deporte agresivo, pueden estar de 3 a 6 horas en el agua”, dice Gómez.

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Ahora están armando un viaje a Fortaleza, Brasil para agosto. La meca de Kite. Se juntan más 50 kiters de todo el mundo durante 12 días.

“En la laguna vemos que cada vez hay más gente joven que se acerca al deporte, viene gente de Cañuelas, Monte, capital…. se logra un buen compañerismo, nos movemos en grupo, comemos asados y charlamos de los vientos. Imaginate la ansiedad que te da la espera de los días de viento, que los cumpleaños y las reuniones las organizamos de noche por las dudas que de día sople el viento”. Adrián se ríe. Con las pasiones no se negocia.

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