“Sapo” Caset: El Messi del polo es nuestro vecino


Guillermo "Sapo" Caset, uno de los 10 mejores polistas del mundo
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Es uno de los mejores diez polistas del mundo. Nació en Lobos y fue alumno del FASTA. Dice que no cambia por nada su infancia en la ciudad. Pasión por el helado de Trápani y el café de El Escritorio. El vecino que admira a reyes y príncipes.

 

En nuestra ciudad, tal vez haciendo cola en la panadería, usted podría encontrarse con un lobense singular, una persona como sólo hay diez en el mundo. Sí, no exagero, solamente diez jinetes en el planeta están elegidos hoy entre los mayores exponentes de lo que se conoce como el “deporte de los reyes”. Esa extraña disciplina que mezcla fútbol, hockey, y caballos que van a 60 km/h, aunque a veces aceleran un poco más y llegan a casi 80. Bueno, uno de los diez mejores del mundo haciendo eso -jugando al polo-, es lobense, hoy se lo presentamos: con ustedes, Guillermo Caset, que por divertirse con los batracios siendo un niño, hoy todos le dicen “Sapo”.

“Mi infancia en Lobos fue espectacular, no la cambio por nada”. Guillermito hizo el jardín en el 901, la primera en el colegio de hermanas, la secundaria en el FASTA, pero siempre vivió en el campo de Lobos, camino a Monte. Fueron muchas las veces que tuvo que salir hasta la ruta a caballo, para tomar el colectivo, porque los caminos empantanados no dejaban pasar ni un auto. Podría pensarse que de esas cabalgatas pasó al polo, pero no. En realidad el mentor fue su papá, Guillermo Caset (sí, se llaman igual, por eso al hijo le decimos Sapo, no de confianzudos, sino para evitar confusiones). “Mi viejo llegó a 8 de hándicap, quizás porque a él le faltó algo que yo tuve”, explica el Sapo “un padre que le enseñase todo del polo”.

 

En el mismo patio donde jugó durante la secundaria, ahora como polista profesional

 

Ya estando en la secundaria viajaba con el padre por el mundo jugando en distintos torneos. “La verdad, estaba esperando que terminara el último día de clases para no tocar nunca más un libro y dedicarme de lleno al polo”, se sincera el Sapo “bah, en realidad ni la terminé, cursé hasta el final pero debo todas las materias de quinto”. Ese quinto año se la pasó jugando afuera, pero su madre insistió en que no deje de ir. Así fue que terminó la escuela, pero en realidad no.

 

Aunque su despegue en el polo fue incluso antes de quinto año. A los 15 jugó por primera vez en un equipo de nivel, ya para ese entonces tenía 3 de hándicap. Muchos galopes, bochazo y tacazos después, en el 2011, terminaría ganando el US Open, el torneo más importante de Estados Unidos, el país –junto con Inglaterra-, donde se juega el mejor polo, afuera de Argentina, obvio, donde somos los más mejores, en casi todo, incluido el polo. El tema es que el Sapo gana el US Open y lo suben a 10 de hándicap, afuera, porque acá aún tenía 9. Sí, es un quilombo, el hándicap difiere de acá -¡que somos los mejores!- con el afuera –que serían todos los malos-.

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Estaba esperando el último día de clases para dedicarme de lleno al polo

 

Algunos años después, en el 2014 se gana toda la gira norteamericana, tres meses seguidos ganando. Bueno, excepto un partido: adivinen cual. Sí, la final del US Open. ¿Habían pensado en ese, no? Igualmente ya lo tenía tres años antes. Ese 2014 también se dio el lujo de ganar todo jugando con el mejor polista, quizás de la historia, pero sin dudas de la última década: Adolfo Cambiaso. A ese seguro que lo conocen, por lo menos de cuando iba a lo de Tinelli. Pero tampoco queda ahí la historia del Sapo. En el 2017 le gana a Cambiaso y su poderoso equipo, La Dolfina. Este cuarteto venía de ganar todo, con una racha de victorias increíbles, pero el Sapo, en tiempo suplementario les mete un golazo junto con su equipo, La Alegría, pasan a la final. No saben la alegría que tenían.

 

El Sapo liderando a La Alegría

 

En la final iban ganando como por cuatro goles, ya casi que estaban festejando. Bueno, parece que festejaron antes de tiempo, porque perdieron. “Se nos escapó un partido imposible”, recuerda Caset. Eso para que vean que no todo es gloria y festejos para los mejores polistas del mundo. Es más, ahora le vamos a contar una mucho peor.

 

“Estuve dos o tres días recontra jodido, casi me muero”, recuerda el Sapo el momento en que estuvo en coma, por algo que “es común en nosotros, los polistas”. Pensaran que se chocó con otro caballo, que lo pateó una yegua, que le pegaron un bochazo en el marote. No. Se le encarnó un pelo.

 

“Es común eso, por la montura y tanto roce”, explica el top ten. Y es verdad, es común en los jinetes, y también es verdad que casi lo mata un pelo encarnado. Por ahí se le metió una bacteria, y parece ser que era una brava. Levantó fiebre, se puso mal y le dieron antibióticos. “Y no le di bola, por la mitad del tratamiento corté la medicación”. Vieron chicos que es verdad lo que dice el médico, no hay que cortar. Al poco tiempo la bacteria volvió con todo, como para vengarse; ya estaba inmunizada contra el antibiótico. Ahí fue que casi palma, terminó en coma y por suerte, después de varias pruebas, encontraron la droga contra la maldita bacteria “y ahí zafé”, grafica el 10 de hándicap. “Pero después de un mes internado, pesaba 50 kilos, me quedaban grandes hasta los calzoncillos”.

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Lobos, su lugar en el mundo

 

Zafó y volvió con todo. “Esa fue mi motivación, volver más fuerte que antes”. Junto a su preparador físico, el lobense Leo Jorge (quien también entrena a otro top ten y ganador del US Open, pero en tenis, Juan Martín del Potro), hicimos un gran trabajo.

 

Fue uno de los primeros polistas en tener preparador físico –hoy casi todos los mejores tienen uno-, incluso confiesa que al principio le daba hasta vergüenza, “es que los jugadores más veteranos jamás hacían trabajo físico, yo le pedía a Leo hacer la entrada en calor escondidos para que no nos vean”. Pero al final no estaba equivocado, era el camino. “El Sapo es un fuera de serie”, afirma Jorge “si bien es un poco vago para entrenar, supo ver antes que la mayoría –hace ya 7 años-, la importancia de la preparación física en su deporte”. Hoy Leo está de gira por segundo año consecutivo junto a Caset en Estados Unidos, está claro para ambos que la dupla funciona.

 

Ahora por Palm Beach (USA), luego otros tres meses en Inglaterra. Así van los días del Sapo. “Pero me gusta el café en el escritorio, el asado en la Vaca Atada y el helado en Trápani”, enumera sus salidas lobenses. Mientras sigue cabalgando detrás de su mayor sueño: ganar el Abierto de Palermo. ¿Tanto te gustaría? “Sí, vale más que cualquier cosa, más que el US Open, más que ser 10 de hándicap”. Bueno, también es que queremos lo que no tenemos, ¿no? “Y sí, es verdad”, concede. Y está bien, nos gustan los entrevistados que nos dan la razón.

 

Un 10 de hándicap en el parque de Lobos, que está cumpliendo 100 años

 

Asegura que puede distinguir un caballo de cualquier otro a 150 metros de distancia. Y ojo que eso ni siquiera cualquier 10 de hándicaps lo hace. “Es que soy un fanático de los caballos; por eso mi lugar es Lobos, en el campo”, explica Caset “termina la temporada y yo no me voy de vacaciones, me vengo acá”.

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“Es un deporte difícil de explicar, en el polo un tipo puede poner plata, contratar a los jugadores y encima jugar”, intenta explicar el Sapo. “Es como que Abramóvich juegue de 9 en el Chelsea”. Suena extraño, pero es así. A diferencia de la mayoría de los deportes, donde la publicidad, la televisación, las entradas, generan los ingresos que sustentan a deportistas profesionales, en el polo la plata “gorda” la pone un “tipo” o más comúnmente llamado “patrón”, que se quiere dar el gusto de jugar junto a los mejores del mundo. Obviamente la pone, y juega. “Ojalá que alguna vez cambie y sea profesional realmente”, anhela Caset. Mientras tanto, el gran momento para ver un polo libre de “patrones”, son los torneos Abiertos, donde el más importante sin dudas es, el Abierto de Palermo. “Ese es mi sueño, ganar Palermo”, se ilusiona el Sapo.

 

Termina la temporada y yo no me voy de vacaciones, me vengo acá, a Lobos

 

Pero al principio aseguramos que Caset es un top ten mundial, ¿tan así es? Tendremos que explicar otra rareza del polo. En este curioso deporte, los jugadores tienen una especia de puntaje que numera que tan buenos son, se le llama “hándicap”. Los más maletas tienen 0 de hándicap, los más mejores tiene 10. Caset es de los mejores entre los mejores, tiene 10. Justo en este momento –no siempre sucede-, en el mundo hay 10 jugadores con 10 de hándicap –a veces hay 8, llegaron a ser 12-. Vieron entonces que no exageramos, el Sapo es de los más mejores, y es de Lobos.
A los 32, se imagina que le queda una década en el más alto nivel. Luego, “si ellos quieren, me gustaría que mis hijos sigan en el polo”. Aún no los tiene, pero ya se los imagina bien montados. “Estoy armando una buena caballada, eso es el 70% del jugador”. Pero mientras arme su propia familia, quiere seguir compitiendo contra los mejores. “No jugaría si no tengo chances de ganar”, afirma sobre sus condiciones para entrar a la cancha “no me gusta que me caguen a palos” y sonríe “prefiero que sea al revés”.

 

Guillermo “Sapo” Caset, uno de los 10 mejores polistas del mundo

 

Producción fotográfica: Fernando Sambade – Estudio Mirar!

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