René Cari: Revelaciones del sacerdote que, aseguran, puede curar hasta el cáncer


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A sus misas asisten hasta 400 personas. Sus fieles aseguran que fueron curados de enfermedades como la diabetes y el cáncer. El principal sospechoso en la causa por la muerte del fiscal Nisman recurrió a él para pedirle ayuda. Dice que su misión en Lobos fue revelada por Jesús. Y la novedad: acaban de nombrarlo exorcista.

 

Es domingo al mediodía y el sacerdote René Cari está parado en el altar de la parroquia San Vicente Pallotti, en Empalme Lobos. El lugar está colmado. En primera fila hay una mujer con un bebé en pleno ataque de llanto y una señora que levanta las manos con los dedos doblados por la artrosis. En el fondo se amontonan parejas y familias enteras, con la cabeza en alto, mirando al cura. En los pasillos, chicos sentados. Y hasta dos perros que duermen enroscados entre el tumulto.

 

Cari convoca fieles de todas partes y a sus misas de sanación asisten hasta 400 personas. Al término de la misa de hoy habrá un almuerzo para festejar  su cumpleaños número 49, para lo que llegaron colectivos con fieles de Córdoba, La Pampa, Tucumán, y varios puntos de la provincia. La lista de fieles es tan extensa como ecléctica: entre los más célebres se encuentran María Areces, periodista de Todo Noticias -a quien encontraremos más tarde en la celebración-, la modelo Gisela Barreto y Diego Lagomarsino, el técnico informático sospechado del crimen del fiscal Nisman.

 

Los fieles se acercan al altar por turnos y detrás de ellos se forma un segundo cordón de personas. En minutos, Cari los va a tocar uno a uno en la frente, y los fieles de adelante caerán sobre los brazos de los de atrás, con la prolijidad con la que caen las fichas de un dominó. “No siempre se caen todos”, comenta más tarde una de sus servidoras, “se ve que hoy fue un día fuerte”.

 

 

En coincidencia con la víspera de su cumpleaños, Cari recibió la designación de sacerdote exorcista, un título habilitante que le otorgó la Arquidiócesis de Mercedes-Luján y que tendrá vigencia durante un año. La renovación del título por otro año más dependerá de su performance como exorcista.

 

 

Pero días antes de la fiesta, Cari recibe a este medio en su casa, una construcción modesta junto a la parroquia. Abre la puerta de un garaje y se acomoda en un asiento de su living apretado de muebles –dos sillones, un escritorio lleno de libros y estampitas, una cama de una plaza a disposición de las visitas, un televisor cubierto con una tela que muestra la imagen de una virgen- y antes de empezar dice una oración. Habla tan bajito que el grabador a un metro suyo apenas lo registra, excepto cuando se ríe, que achina los ojos y levanta la voz como si la sacara de un cajón.

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“Los exorcismos no son muy diferentes de lo que muestra el cine”, cuenta Cari. “Películas como El rito, reflejan con bastante fidelidad el asunto. Ahora bien, no cualquier cosa es una posesión, primero hay que descartar enfermedades psiquiátricas. Y algunas veces solo son chicos que se portan mal y necesitan un reto”.

 

Cari nació en Capital Federal y vivió pocos años con su mamá biológica. Cuando la situación económica se complicó, se mudó a casa de sus padrinos, una pareja que no podía tener hijos, instalada en Jujuy, de donde era oriunda su mamá. Ellos lo criaron como propio  y en estricta educación católica, al punto de que a los siete años René ya sabía qué quería ser cuando fuera grande: sacerdote. Quería, además, según escribió en su cuaderno de segundo grado, viajar a Roma, conocer al Papa, dar consejos a la gente y ayudar a los boy scouts.

 

 

 

 

Cuarenta años después, René Cari ha viajado a Roma y conocido al Papa, ha dado consejos y ha recibido a mucha gente, incluyendo a personas que no son exactamente boy scouts, pero sí prueba de que Cari recibe a todos los que llegan a su parroquia. El más curioso tal vez fue Lagomarsino, implicado en la causa por la muerte del fiscal Alberto Nisman.

 

– ¿Cómo fue la visita de Lagomarsino?

 

– No puedo decir mucho. Lo único que puedo contar es que parecía un hombre atormentado. Y traté de ayudarlo.

 

“Los exorcismos no son muy diferentes de lo que muestra el cine”, cuenta Cari, “películas como El rito, reflejan con bastante fidelidad el asunto”.

 

Cari quería convertirse en monje cartujo, una orden en que además de guardar los votos de castidad, pobreza y obediencia, se vive en silencio absoluto y continua oración. Pero a los 22 años, Jesús, dice, se le presentó. “Era como una luz. Me dijo que tenía una misión para mí”, dice Cari. “Esa misión es lo que estoy haciendo ahora en Lobos”.

 

Llegó a esta ciudad en el año 2000 y nueve años más tarde, por primera vez, alguien aseguró haber sido sanado por la imposición de sus manos. Era una nena con problemas respiratorios y según sus padres, las complicaciones quedaron atrás después de la visita a Cari. Con el tiempo, los testimonios se empezaron a acumular  en los canales que actualiza con ayuda de sus servidores: una página web, una cuenta de Youtube, una revista y un programa de radio. Está la familia Pérez, con una hija de siete años que tenía un tumor y desapareció tras su visita a Cari. Y está Mercedes, una mujer joven que tenía cáncer de mamas y asegura que se sanó después de visitar la parroquia lobense.

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El cumpleaños por dentro

 

Los testimonios toman cuerpo en el almuerzo de su cumpleaños, después de la misa. Hay ocho mesas y 300 comensales, entre ellos dos médicas de Cañuelas que aseguran que el trabajo de René Cari las curó. Patricia Di Palma conoció al sacerdote en 2012 luego de que le diagnosticaran cáncer de mama. “Empezamos a rezar y él me hacía oraciones personalizadas. Fui mejorando de a poco y hoy los controles me dan perfectos”, cuenta. Aunque nunca abandonó el tratamiento médico –Cari recomienda en todos los casos continuarlo en paralelo a la actividad religiosa-, Patricia considera que el quiebre fue obra de las oraciones del sacerdote. Desde ese año, es servidora de Cari. “Los médicos tenemos una limitación –dice-, el que no tiene límites es Dios”.

 

 

En la mesa también está Valeria Aquino, sentada junto a una nena de tres años, que nació, según explica, “gracias a la bendición del Padre René”. En 2012 ella y su pareja comenzaron a buscar un hijo. Los estudios señalaban que no había problemas médicos, pero ella no quedaba embarazada. En 2014, se acercó a la parroquia. Un año más tarde nació su hija, ahora mirando dibujitos en el celular de su mamá. “Uno sabe, como médico, que la Ciencia no resuelve todo y cuando la Ciencia no lo puede resolver, conviene aferrarse a algo”, sostiene Valeria, “aunque no sea ir a la iglesia, sostenerse de algo espiritual”. Son dos cosas, asegura la reumatóloga, que van de la mano: “no somos todo ciencia, todo químico, todo células”.

 

En la vereda de la ciencia, están los que tienen una postura menos negociadora. Diego Golombek -biólogo e investigador del CONICET- se dedicó a estudiar el efecto de la religión en el cerebro humano y en su libro “Las neuronas de Dios” desarrolló una neurociencia de la espiritualidad. “La persuasión tiene efectos fisiológicos en el cuerpo”, asegura Golombek, “junto a la credulidad son posiblemente las armas más importantes y efectivas para llegar a la gente”. El biólogo sostiene que en las investigaciones de “absolutamente todas las llamadas ‘curaciones milagrosas’ se determinó que era el tratamiento médico en marcha sumado al efecto persuasivo que trabajaba en el sistema inmune lo que los había curado”. La ciencia y la religión tienen dos pilares diferentes, recuerda el biólogo, “hablar de una sanación o de una posesión es aceptar, está en el orden de la fe, que es el pilar de la religión. El de la ciencia, en cambio, es la evidencia. Lo que suele darse es que en lugar de insistir en encontrar las causas naturales se prefiere el engaño”.

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“Hablar de una sanación o de una posesión es aceptar, está en el orden de la fe, que es el pilar de la religión. El de la ciencia, en cambio, es la evidencia”, sostiene Diego Golombek, biólogo e investigador del CONICET.

 

René exorcista

 

Durante el festejo de su cumpleaños, María Areces sube al escenario para leer el documento que lo designa exorcista al sacerdote. “Por su carácter piadoso, docto y prudente”, dice la notificación. Después, Juan Pablo González, abogado y seguidor de René Cari toma el micrófono. “En el mundo de descreimiento en que nos movemos se tiende a pensar que lo que se trabaja en un exorcismo es el costado psicológico de una persona”, dice González, “pero no, un exorcismo es la expulsión de un demonio, porque la vida cristiana es un combate para llegar al cielo, no es un paseo”.

 

Cari sabe que la palabra “exorcismo” genera escepticismo. “Hay gente que no lo entiende, o gente que no lo cree, pero es una cosa muy seria”. Busca por todos los medios no frivolizar la cuestión. “Es muy delicado”, insiste. A sus 49 años, Cari sumó a “sanador” el mote de “exorcista”. Cuenta que recibe la noticia con alegría. “Ya curaba enfermos y depresivos”, concluye en un murmullo. “Lo que me faltaba era poder ayudar a los poseídos”.

 

Cobertura fotográfica: Estudio Mirar

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