Pizza de estrellas


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Martín Dieguez es dueño de la Pizzería Don Vittorio pero además es el mayor aficionado a la astronomía de Lobos. Sus telescopios son los más avanzados de la región. ¿Qué encuentra en el cielo de nuestra ciudad? ¿Cuál fue la semilla de su curiosidad? La noche que vio en el cielo algo que, aún hoy, no puede explicar.

 

 

Quizás en algún lejano planeta, un extraterrestre con un visor de avanzada, en estos momentos le apunte a nuestro sistema solar. Enfoque en la tierra, ubique América, se fije en Argentina, cerca de un río muy ancho, una ciudad llamada Lobos, haga zoom, y en el patio de una casa alejada del centro, distinga a un terrícola. Si es Martín Dieguez, seguro lo encontrará armado con su telescopio, uno tan potente como no tiene nadie en la ciudad. Y quizás Martín, también lo esté apuntando a él.

“A los 11 años empecé a imaginarme como sería viajar hacia el universo, y la única máquina que me podía llevarme era un telescopio”, recuerda Martín, que hace 17 años es el dueño de la pizzería Don Vitorio y el creador de cada combinación que pasa por su horno. “Mi viejo no me lo podía pagar, pero me compraba la revista Muy Interesante y siempre traía al menos una nota de astronomía”. Después de leer como 100 números de la revista (unos 8 años de publicaciones), se empezó a aburrir. Y el aburrimiento espoleó la búsqueda. Pasó del kiosco a alimentarse de cada libro de astronomía que apareciera en la biblioteca Sarmineto, hasta que el VHS hizo su aparición.

“Me miraba todos los documentales de astronomía”, recuerda Dieguez “ansiaba cada episodio de Carl Sagan [el creador de la serie Cosmos], siempre me pareció lo mejor en divulgación”. Así su camino por los cielos fue de la mano del avance tecnológico. Seguía sin poder comprarse el telescopio que soñaba (quizás también porque soñaba muy grande), pero el mundo que le cerraba una puerta, también le abría una ventana. “Cuando llegó internet, me abrió a las imágenes de los telescopios del mundo”, se entusiasma Martín. Las fotos del telescopio espacial Hubble empujaron su imaginación mucho más lejos. Y luego de casi tres décadas de soñarlo al final llegó. “Es así, en general los aficionados a la astronomía consiguen sus equipos de grande”.

Fanático de Carl Sagan. Trabaja de pizzero pero cada noche, al volver a casa se dedica a explorar las estrellas.

 

A los cuarenta tuvo la oportunidad y no la dejó pasar, se compró el telescopio que le permitía viajar tan lejos como su imaginación. Un cañón de más de 30 centímetros de diámetro y casi dos metros de largo como hay pocos en la Argentina. “Antes no llegaba nunca al equipo que realmente quería”, reconoce el viajero interestelar “el necesario para ver el espacio profundo. Para mí es un viaje, una salida, alejarme de todo e ir al confín del universo”.

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El espacio profundo refiere a objetos celestes que no pertenecen a nuestro sistema solar (como planetas, satélites, cometas) ni estrellas cercanas. Son objetos que no suelen verse a simple vista y bastante más exóticos: galaxias (como la nuestra, la vía láctea), nebulosas (enormes nubes de polvo espacial), cúmulos de estrellas (donde nacen y mueren millones de soles) o cuásares (gigantescos agujeros negros en centros de galaxias que tragan materia y escupen energía). Todo eso, desde el patio de su casa.

“Termino de trabajar generalmente a medianoche”, explica el pizzero de estrellas, “a veces saco el telescopio antes para que se vaya aclimatando [el espejo principal debe estar media hora en contacto con el aire para llegar a dar su mejor reflejo]. Si está afuera, mi familia sabe ni bien cierro el negocio me voy con el telescopio y esa noche no aparezco a cenar”.

 

 

Hasta las 2 o 3 de la mañana se queda viajando por el espacio, con la imaginación. “Alguna vez se me han hecho las 5 de la madrugada y ”, reconoce “pero no se puede seguido, al otro día hay que trabajar”. Alguien que lo conoce de la época en la que apilaba revistas Muy Interesante, lo describe así: “Martín es una excelente persona, un tipo de primera y un amigo con todas las letras”, asegura Mariano Rolandi, compañero de secundaria e íntimo amigo desde hace un tercio de siglo “Hace poco se iba todos los miércoles a Mercedes al curso [de astronomía], ya el sacrificio de hacer 150 kms a la tardecita para un tipo que tiene familia y trabajo”. En realidad su compañero reconoce que no iba tanto por el curso: “En realidad lo más lindo era quedarse después de la clase charlando”, confiesa, ya que los temas eran para principiantes, “pero ahí tenía con quien compartir la pasión”.

17 años, a 20 pizzas por noche, son unas 100.000 combinaciones de muzarella y algo más. “Nunca un cliente me preguntó por la astronomía”, reconoce casi resignado Martín “son contadas las personas que saben que me gusta tanto”. El que si sabe es Mariano, su amigo: “Cada vez que hablamos de ir de vacaciones, el me dice al norte, por lo despejado del cielo”.

En Villa Carlos Paz, Córdoba, conoció el observatorio del Bosque Alegre, con su telescopio de 1,8 metro de diámetro. “Una maquinaria imponente”, detalla Dieguez “y la picardía de que la ubicación quedó muy mala, al lado de Carlos Paz y toda su contaminación lumínica”. También paseó su ojo por el observatorio de La Plata, “pero me dijeron que el telescopio principal hacía rato que estaba roto, entonces ofrecían para ver un telescopio de un aficionado”. La verdad era más chico que el suyo, así que se quedó en su lugar en el planeta. “La mayoría de las veces he observado el universo desde el patio de mi casa”.

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La noche avanza, las estrellas giran y la charla se aleja de a poco de su historia.

 

 

¿Cuáles son los mitos más comunes con los que te has encontrado sobre la astronomía en las personas que no están informadas?

-El que nunca puso el ojo en un telescopio no se imagina lo que se va a encontrar. A veces piensan que van a ver una fotografía del Hubble. Eso es una cámara en el espacio de 500 millones de dólares, la astronomía aficionada es otra cosa, muchas veces la gente se decepciona. Quizás por eso somos pocos. Lo primero que te preguntan, la clásica es: ¿Viste algún ovni con esto? Como si fuera un aparato de captación espacial. Es imposible ver un objeto en movimiento.

O casi imposible…

“Una vez, totalmente de casualidad enfoqué un avión, creo que un 747, justo engaché en la ventana y hasta pude ver al que estaba sentado ahí”.

Aunque lo verdaderamente inexplicable lo encontró en el cielo nocturno, sin telescopio.

“Fue hace mucho, unos veinte años, pero lo recuerdo como si fuera anoche, caminábamos con mi novia por la vereda de Moreira, rumbo al hospital y se nos cruzó en el cielo una especie de triángulo negro con luces naranjas en sus vértices. Si hubiese estado solo aseguraría que lo imaginé. Pero mi novia vio lo mismo.”, relata Miguel “es casi lo único que he encontrado en el cielo y aún hoy, por más veces que lo he analizado, no lo puedo explicar”.

Tampoco encontró nada inexplicable en las doce constelaciones que se dibujan sobre el camino del sol en el cielo y forman el horóscopo. “Es incompresible que se intente hacer algo con eso, es científicamente incomprobable y jamás vimos en las estrellas ningún tipo de influencia” y afirma que lo sí lo sorprende es “que a la gente le llame más la atención la astrología que la astronomía”.

La luna ya se ocultó hace rato, la cruz del sur brilla limpia sobre el horizonte y se va acabando el café, compañero inseparable en la observación estelar. “Para mí es como viajar, es ir a lugares desconocidos, es una aventura. Ponés el ojo en el ocular y no sabés lo que te vas a imaginar, hasta donde va dispararse la cabeza”, Miguel se sube a su viaje nocturno y encuentra algo más que estrellas “el universo te demuestra lo pequeño que somos”.

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Las tres grandes dudas del principiante

¿Por dónde empezar?

Tanto centro astronómicos, expertos o clubes de aficionados coinciden en lo mismo. El primer paso para iniciarse en la astronomía es el siguiente: Mirar el cielo.

Conseguir un mapa estelar (en internet está lleno, solo tiene que definir su ubicación y la época del año para que coincidan), y aprender a identificar estrellas, planetas y constelaciones. También hay varias app de celular gratuitas con mapas estelares que se sincronizan automáticamente con lugar, fecha, hora y dirección de la pantalla. Solo queda mirar el cielo.

¿De dónde aprender?

Uno de los grandes placeres de la astronomía es el aprendizaje de un universo que siempre estuvo, pero ahora parece nuevo. Si bien en internet sobra información, en un inicio puede ser mejor un libro, donde los conocimientos se ordenan y sistematizan para los principiantes. El autoaprendizaje es uno de los caminos más apasionantes de la astronomía.

¿Cuánto sale un telescopio?

El consejo unánime es que el primer telescopio, no sea un telescopio. Lo ideal, para empezar, son los binoculares. “Te muestran un campo de visión amplio, por lo que es fácil navegar por el cielo — por otro lado, un telescopio de alta potencia magnifica una área pequeña que es mucho más difícil de ubicar. Los binoculares le muestran una vista correcta hacia arriba y directamente enfrente de usted, así es más fácil saber hacia dónde mira. (En contraste, la imagen en un telescopio puede presentarse boca abajo y también como contraimagen del objeto real, y usualmente se presenta en ángulo recto a la dirección en que apunta, pero esto depende del tipo de telescopio.) Además los binoculares son relativamente baratos, disponibles en varias tiendas, y fáciles llevar y guardar.” Explica el sitio especializado https://skyandtelescope.org/

Un buen binocular para principiantes es de 10 x 50 (10 milímetros de diámetro de lente por 50 aumentos). Van de los 3.000 a los 20.000 pesos. Con uno de valor intermedio se puede empezar muy bien. Al final, solo es cuestión de mirar el cielo.

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