Patricio Falvella “Gracias al programa de Marley me hice aventurero”


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Es panadero en el local de su familia, y recorrió más de 15 mil kilómetros solo y en bicicleta. El viaje le llevó un año y cuatro meses. Conoció cinco países hasta que en Ecuador le robaron su bicicleta. Quién es el aventurero menos pensado.

 

 

 

A Patricio Falvella, 39 años, todo el mundo lo conoce como Fatu, desde que un compañero de segundo grado, empezó a llamarlo así porque llevaba facturas  para comer en el recreo.

Falvella cursó el secundario en el comercial y ayuda, desde siempre, en la panadería familiar. Tras la escuela, se apuntó en profesorado de educación física. Pero a los 25 años lo dejo y se metió de lleno en la panadería.

“La panadería es un comercio muy esclavo, arrancamos con el horno a las 5 de la mañana y cerramos a las 20hs”, dice Patricio, “por suerte al trabajar la familia nos pudimos organizar bien.”

 

 

La panadería en cuestión es San Patricio, donde sigue horneando a leña, y, en sus mejores años, llegaron a producir 80 kg de pan por día. Fatu se encarga del horno, de 5 a 10hs, invierno y verano. Además de los panes, facturas y galletas en las fiestas cocina allí más de 40 lechones que traen los vecinos.

“Los años de trabajo en la panadería me sirvieron para juntar plata y perder el miedo a viajar solo”, dice Patricio, quien a los 17 el programa turístico de Marley, 360 Todo para ver, despertó su espíritu viajero. “Gracias al programa de Marley me hice aventurero. Venia pensando en pasar un año nuevo en Usuhaia, tenía una plata ahorrada para construirme una casita, así que tome la decisión de gastarme ese dinero en un viaje”. Y así lo hizo: armó la bici, cargó la mochila con poca ropa, equipo de mate, carpa, una cocinita de camping, herramientas, parches, un colchón y el 23 de octubre de 2018 arrancó para el sur.

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Ese sueño de pasar año nuevo en Usuahia se transformó en una aventura que lo llevo a conocer 5 países recorriendo 15136 km en un año y cuatro meses, siempre con la bici.

Juan, su hermano, tuvo una mezcla de incertidumbre y miedo cuando Patricio contó que se iba de viaje y que no sabía cuándo volvía. “Era la primera vez que viajaba solo”, recuerda Juan, “después esa incertidumbre se fue, se comunicaba seguido entonces sabíamos que estaba bien y disfrutando”

Cumplió el sueño de estar  año nuevo en Usuhaia, y luego cumplió su segundo sueño, conocer una comunidad Mapuche. Conoció incluso al Lonko (jefe) Patricio Zapata, una persona muy comprometida por el reclamo de tierras y bienestar. “Aun así el Lonko es una persona común”, dice Fatu. “Trabaja como camionero y vive como cualquiera de nosotros”.

Osado. Cuando le contó que se iba solo a viajar en bici, sin fecha de regreso, su familia se inquietó. Pero luego, Patricio demostró que tenía coraje suficiente para superar todo obstáculo.

 

Usando como guía la ruta 40,  recorrió el sur argentino. En Calafate unos vecinos Lobenses que tienen una hostería le prestaron un espacio para poner la carpa. Luego, cruzó a Chile: “Tenía mucho prejuicio con los chilenos y la verdad que me trataron bárbaro, muy hospitalarios”, recuerda él, mientras mete una fuente llena de panes en el horno. “Muchos me prestaron sus patios para poner mi carpa y me invitaban a cenar.”

 

Contra viento y marea. Falvella sobrevivió al camino de la muerte, conoció un cacique Mapuche y pealeó meses hasta que en Ecuador, le robaron la bicicleta y debió regresar.

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A los 6 meses de viaje, pedaleando contra el viento, cargando la bici en camionetas o tomando tren llego a San Rafael. “En ese punto del viaje extrañaba un poco y me vine de sorpresa a visitar a mi familia”, cuenta.

“Fue una alegría verlo acá, vino a pasar mi cumpleaños y el de su mama…yo estaba trabajando y de repente veo una foto en Facebook con la madre, no lo podía creer” dice Ignacio el padre y agrega: “cuando me contó su idea de viajar me pareció bien, son cosas que hay que hacerlas de joven, después pasa el tiempo y se suman las responsabilidades y se hace muy difícil hacer un viaje así”.

Pero una vez que había despertado su espíritu viajero, Fatu no quiso volverlo a dormir. Dos meses después de volver a Lobos, retomó su viaje rumbo al noroeste argentino. En Purmamarca , Jujuy se cruzó con Marisa Scotti, otra vecina de Lobos. “Estaba esperando ver a la virgen en la iglesia, mientras hacía tiempo me llamó la atención un chico en bici cargado de cosas”, se acuerda Marisa, “me pareció conocido, me acerqué y lo reconocí a Patricio, había sido alumno mío… me puse muy contenta y cuando me conto su aventura me pareció espectacular”.

Su viaje fue como una montaña rusa: en Bolivia estuvo en fiestas populares, lo invitaron a desfilar en un pueblo con la bici, en Copacabana vivió una protesta donde tuvo que irse porque se ponía bravo el asunto y recorrió el Camino de la Muerte que conduce a Coroico un pueblo ubicado en la cima de una montaña donde por momentos uno se encuentra por encima de las nubes.

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Ocho meses pasaron desde su visita a la familia y Falvella seguía pedaleando. Luego de visitar Perú, llegó a Ecuador su última parada, allí vivió su peor momento: “Tenia que cruzar un puente y deje la bici con todas mis cosas al cuidado de un policía, lo crucé a pie, no podía hacerlo todo cargado con la bici, cuando volví no estaba más la bici, ni mis bolsos, ni la billetera ni el policía. Tuve que buscar el consulado, rehacer documentos y esas cosas.” Su vuelta a Buenas Aires ya estaba marcada. Dos semanas después y con ayuda económica desde Lobos, despego de Quito rumbo a Ezeiza.

“Toda esta experiencia de viajar en bici me enseñó que es más lento, pero tenés mucho más presentes los lugares, podés mirar a los ojos a la gente y conocerlos”, dice él. “Aprendí que a Messi lo conocen en todos lados, que los amores de viaje no duran más de 48 hs y que por haber nacido en Lobos los pueblos chicos me gustan más.”

Hoy en día, Patricio volvió a atender el horno de la panadería de la familia. Y ya sueña con su próxima aventura: “Quiero volver al mismo lugar donde me robaron la bici”, dice él, inflando el pecho. “y no parar hasta llegar a Alaska”.

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