Pablo Klentak: “En materia de construcción estamos frente a un cambio de paradigma y cuesta dar el salto”


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El Estudio GPK, de tres de los hermanos Klentak, empieza la obra del primer edificio sustentable de Lobos. En la provincia no hay registro de construcciones de este tipo: apenas algunas oficinas. ¿Cómo se pensó el complejo habitacional más innovador de nuestra ciudad?

 

Cuando alguien en el barrio escuchó que comenzarían la construcción de un edificio ecológico se encendieron todas las alarmas. ¿Qué clase de escandalosa mega torre querían construir en la manzana de San Martin al 100, poblada de casas bajas y comercios con vista a la calle? Para un vecino del barrio resultó tan confuso como preocupante y decidió tomar cartas en el asunto: juntó todas las firmas que pudo en una petición “para impedir que se construya un edificio oncológico”. Y aunque la incertidumbre del activista resultó chistosa, los hermanos Pablo (36, arquitecto), Guillermo (32, arquitecto) y Gastón Klentak (27, martillero público), entienden por qué los proyectos de construcción sustentable, como el que están encarando ellos mismos en Lobos, presentan resistencia.  “Es un salto que cuesta mucho dar –explica Pablo-, y es que en materia de construcción estamos frente a un cambio de paradigma”.

 

Pablo Klentak es arquitecto y docente en la Universidad de Buenos Aires. Ahí estuvo, en parte, el germen del proyecto, aunque no tanto en los libros sino justamente en salir de ellos. “En algún momento empezás a ver que todo lo que estudiás está buenísimo pero muy lejos de lo que terminás haciendo”. La obra de urbanistas europeos copa la bibliografía de una carrera con diseños inteligentes que funcionan con energías renovables –en muchos países de forma obligatoria-, mientras que afuera, acá, la realidad te condiciona para innovar. “Si tenés un tipo que está dudando entre hacerse una casa y no hacerla, cuesta hablar de sustentabilidad”, dice Pablo, que entiende que todo lo que pasa en Europa en materia de arquitectura obligadamente necesita ser “traducido” a la realidad latinoamericana. Pero hay más: al parecer, por estas latitudes, tenemos otras barreras. “Lo que pasa en Argentina es que también hay que desterrar una idea muy latina de que las construcciones deben ser pesadas, para toda la vida y salir de esa tradición es muy difícil”.

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Con el último brindis de fin de año, la casa que está justo en frente del Colegio comercial se demolerá para construir el primer edificio sustentable de Lobos. En la provincia, excluyendo a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, apenas se registran complejos de oficinas con estas características: lo que convierte al Estudio GKP en pionero de la región.

 

Para tranquilidad de los vecinos, no se tratará de una megatorre. El edificio que planearon Gastón, Guillermo y Pablo será una construcción de tres niveles con un total de ocho departamentos de dos ambientes y 40 metros cuadrados de superficie por unidad. De hecho, algunas de las características del edificio serán beneficiosas no solo para los vecinos que lo habiten sino también para el resto del barrio, incluyendo al vecino activista. La idea, explica Pablo, “era construir un complejo que no fuera invasivo para el tejido urbano”.

 

 

 

¿Qué lo hace ecológico –o mejor dicho sustentable, aunque en ningún caso oncológico-? Cuatro características: mantenimiento de la temperatura, ahorro de agua, energía solar y más verde.

 

Temperatura. Imaginate que tu casa se convierte en una cámara de frío: la aislación térmica de las paredes es la característica más importante y menos visible de este edificio, ya que el secreto se esconde detrás de sus muros. Gracias a este sistema cada vecino va a reducir el gasto de energía fósil hasta cinco veces en comparación con otras construcciones. Lo mismo se aplica a las ventanas, el doble vidrio asegura que el calor se quede donde debe estar: afuera en verano, adentro en invierno.

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Ahorro de agua. Aunque la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda usar hasta 50 litros de agua por día y por persona, se calcula que en Argentina el consumo es diez veces superior: cada argentino gasta cada día entre 500 y 613 litros diarios de agua. El derroche, dice la OMS está en la pérdida de las canillas, el dispendio en la higiene personal y el regado de plantas y jardines. En el primer edificio sustentable de Lobos se espera que estos números dejen de hacer agua, porque habrá un tanque para reservar agua de lluvia con una capacidad de hasta 10 mil litros que se usará para el riego de las plantas. Win-win si tenemos en cuenta que el agua de lluvia es mucho mejor para el jardín que el agua de la canilla.

 

Sol. La energía solar también se va a aprovechar en el edificio. El agua que consuman los vecinos de estos departamentos se va a calentar con una combinación de energía solar captada a través de paneles y una caldera a gas que hará su aporte en días nublados. El consumo de energía, solo con este sistema mixto, se reduce en un 50 por ciento.

 

Más verde. No es una consigna eco vacía de sentido. En el edificio de San Martín al 100 el hormigón pierde terreno en el paisaje: el pasto va a copar la terraza y se va a hacer también lugar en la cochera. En ambos casos con la doble responsabilidad de ser aislante término y de filtrar el agua de lluvia y retrasar la llegada al sistema de cloacas. Así, da tiempo a que el agua se retire y no se inunde.

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Cambio de paradigma

 

Traer este proyecto a Lobos no fue sencillo: la resistencia a ese cambio de paradigma que refiere Pablo no llegó solo por parte de vecinos, sino también de la gestión municipal. Si bien la respuesta no fue negativa de parte de la gestión, los planes originales, que eran todavía más ambiciosos –en la idea original había, por ejemplo, un sistema para tratar y reutilizar el agua de los baños del edificio- debieron ser modificados. “¿Estamos planteando un disparate?”, le preguntó Guillermo Klentak a Enrique García Espil, secretario de planeamiento porteño durante media década y jefe de cátedra de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo. Espil, que conoce Lobos y algo entiende de urbanismo les dio el aval en el proyecto. ¿Por qué lo que se estudia a veces está tan lejos de la realidad? Como arquitectos, Pablo y Guillermo se respondieron una pregunta que se habían hecho cuando empezaron a trabajar en la idea de este edificio.

 

Para adelante, el estudio GKP tiene otros proyectos. La espina del plano original, con varias vueltas sustentables más de rosca, quedó pendiente. Siguen mirando qué se hace afuera en materia de urbanismo, qué políticas articulan Italia y Alemania –que proyecta para 2020 usar solo energías renovables- y los casos de Curitiba, en Brasil –la cuna del Metrobús- o Medellín, en Colombia, que cambiando el trazado urbano rearmó la comunidad en una ciudad golpeada por el narcotráfico. Dejar de mirar afuera y salir de la teoría parece el objetivos. Y ya hay ciudad para el edificio full-sustentable. No queda en Europa ni hace falta salir de la provincia de Buenos Aires: los vecinos de Roque Pérez, al parecer, serán los próximos en habitar departamentos verdes.

 

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