Viaje al mundo del rey de la fiesta


Share

Matías Gracia lleva filmados 942 cumpleaños de 15, y 168 bodas en Lobos. Y conoce la intimidad de las fiestas mejor que nadie. Revelaciones de un obsesivo del trabajo que duerme seis horas y pasa quince editando filmaciones. ¿Por qué un café solitario y reflexivo le cambió su destino para siempre?

 

 

Si alguna vez Matías Gracia se hace una cuenta de Twitter, su bio podría contener varios oficios de presentación. Periodista de TEA, camarógrafo, guionista, editor, movilero y productor. Emprendedor turístico, guitarrero, piloto de drones y tractorista. Pero no, él prefiere aunar y exponer su lado RR.PP: “Nací para estar en las fiestas, soy más bien un ‘socialero’”. A poco de pisar las cuatro décadas, duerme menos de seis horas por día y pasa quince frente a las pantallas editando material audiovisual. Tiene una frase de cabecera: “Estoy hasta la pera”.

 

Desde noviembre de 2001 más de mil eventos contaron con el sello de su productora Omanán: 942 cumpleaños de 15, 168 bodas y la suma asciende si se tienen en cuenta eventos privados y actos municipales de todos los colores. Desde la primera noche, Matías tiene todo anotado en una planilla de Excel. Por eso acepta: “Sí, tengo un lado que roza lo obsesivo”.

 

 

Maneja cámaras, drones y una verborragia karateca. Para andar cómodo usa siempre las mismas zapatillas. El trajinar, empezó a los catorce como encargado del buffet de la cancha de básquet del club Athletic. Fue ahí cuando le picó el bicho del periodismo. Comenzó con las anotaciones de los resultados en la cartelera —“si voy a mi archivo, lo que me pidan, está asentado”. Tiempo después, desde Radio Deportes 76 le pidieron cubrir los vestuarios. Y luego, desde la Emisora Lobos, le ofrecieron hacer aire en el estudio. Forjó las primeras armas y partió a Capital. Comenzó Comunicación en la UBA. Sabía dónde ir. “Mi actitud, para todo siempre fue: ¿Hay que hacer esto? ¡vamos!”.

 

Claudio Cinnadaio, camarógrafo y director de Canal 4, fue testigo de los comienzos de Matías en la edición del programa Bandera a cuadros. “Siempre fue un tipo predispuesto que buscaba todas las opciones para resolver lo que sea”.

 

 

Cuando me propuse volver al pago para armar Omanán, pensé: “No puede fallar”

 

 

 

Cámara testigo. “Me mimetizo con la fiesta y nadie actúa, sale espontáneo”.

 

 

¡Acción! Un regreso forzado

 

Tras el fallecimiento de Néstor, su papá, Matías se hizo cargo, en 1999, de la empresa familiar de movimientos de tierra Gracia e Hijos. Manejó retro, tractores y camiones volcadores. Estaba en el segundo año de la carrera y —con la agenda cargada y a 100 kilómetros de casa— decidió dejar la facultad. Con los petates en un bolso y una revancha en la mochila, pegó la vuelta. “Pasé de vivir en Capital, en calle Corrientes y Paraná, a trabajar en un horno de ladrillos atrás del barrio Las Tosquitas”. En tanto, hacía filmaciones en eventos deportivos y en cumpleaños para el camarógrafo lobense Adrián Gómez. “Siempre me interesó el periodismo, pero algo de las cámaras me inclinaba a investigar y observar todo desde la lente”.

 

Dicen que Dios está en todas partes, que atiende en Buenos Aires y abruma en la autopista. El fin de siglo tuvo a Matías Gracia entre Lobos y Capital. A dos años de su regreso a casa, comenzó en la escuela de periodismo TEA. La agenda —entonces, otra vez— se le armaba así: cursar tres veces por semana y volver al pago a trabajar. Viajaba en las combis de El Charret con pasajes que canjeaba por publicidad en las tandas de un programa de la ciudad de Roque Pérez conducido por el periodista Roberto Barral. Hasta ese momento, usar la cámara en Lobos y alrededores era un mero hobbie para Matías.

Podría Interesarte  Cholo superstar: De día vende pollos, de noche es cantante romántico

 

 

Omanán cubrió “el primer 15” en noviembre de 2001. “No paramos más”.

 

 

 

Los sábados y domingos debía estar en el autódromo Gálvez para relatar durante seis horas carreras de karting para el canal América Sports. Tanto rodar —“seco, pero seco-seco”— lo abrumó. “Me volvía a dedo, en tren, en combi, en el 88 o como sea —retrocede y repara— con la plata justa para tomar dos colectivos y un café con leche”.  Mientras tanto —“por curioso y metido”— se animó a probar con las cámaras y el switcher en el móvil de América Sports. Pura curiosidad por el funcionamiento. Sus compañeros de equipo le decían “dejá de tocar los botones, volvé a la cabina a relatar”. Matías con los ojos al trote entre las perillas les respondía: “No, yo quiero saber cómo funciona absolutamente todo”.

 

 

Curiosidad, picardía y cara de piedra. Antes de terminar en TEA, por recomendación de su director, entró como pasante en el diario deportivo Olé. En su salsa y mandado a hacer, despuntó el vicio periodístico en el estoico universo de los fierros. Entrevistó a toda la familia del Turismo Carretera: Tito Bessone, Pato Silva, Matías Rossi y a Marcos Di Palma, a quien también produjo para el reality Zona Di Palma. Y la presa mayor, un regreso esperado del TC: Juan María Traverso.

 

 

 

Gracia para Olé. Cubrió en exclusiva el regreso de Traverso al TC, en 2004.

 

El primer boom de Omanán fue el proyector con pantalla gigante: ¡La gente volaba!

 

 

Las historias siempre piden un momento clave, un punto certero. El segundo exacto. El de nuestro socialero llegó  después de una entrevista para entrar a TyC Sports. Por esos días hacía cámara para Carburando. “De 60 aspirantes, quedé seleccionado”, recuerda orgulloso. En la entrevista, le contó su situación de viajero permanente —trabajo y novia en Lobos, rodar constante— a la encargada de recursos humanos de TyC. Ella le hizo tres preguntas —¿podés vivir con 900 pesos al mes? ¿cuántas fiestas filmás? ¿En Lobos lo hacen cuántos?— y le soltó un consejo: “Con todo allá y la veta de poder armar un negocio, resolvé la idea de volverte o de remarla acá”.

 

Algo interno en Matías hizo crack y otra vez, una bifurcada. Eligió regresar. “Pedí un café frente al canal, miré la agenda de fiestas que se venían y dije: no puede fallar”. Dos semanas después, con el estallido de la crisis de 2001, no tomaron gente y echaron una decena de trabajadores. Matías se lamentó pero a su vez hizo zoom en su propio camino. “Fue una señal”.

 

El primer éxito de la productora fue la compra de un proyector. “Grabé horas y horas de clips que sacaba de Much Music para proyectar en las fiestas”. Quince años después, recuerda que la pantalla fue furor. “¡La gente volaba: era tecnología de punta!”.

 

 

“Siempre me interesó filmar y editar en video, por eso, armé Omanán”.

 

 

 

Con Omanán como marca registrada y las ganas de “ir con todo”, el proyecto avanzó y ya nadie podía perder oportunidad de invertir en lo que Matías define como “productos realizados para que se puedan apreciar dentro de 50 años y no pierdan calidez”. Hoy, Omanán cuenta con un equipo de cinco personas. Carolina Vinay es una de ellas. Estudió Cine en Buenos Aires y se sumó al equipo hace dos años. Hoy es la encargada de la isla de edición de la productora. Al empezar, lo que más le llamó la atención fue que se encontró con alguien muy minucioso al momento de editar. “Es muy insistente, va al detalle”, destaca Vinay. “Esa es su clave”.

Podría Interesarte  Por qué los trenes de Argentina, Bolivia y Canadá pasaron por las manos de este lobense

 

Clip para la banda Don Pirulero y los del moño (2012).

 

 

 

La clave del éxito según Matías: “La entrega”.

 

 

 

 

ADN pregunta

 

1-¿Dónde crees que reside el éxito de Omanán?

La clave de que me fue bien —en un pueblo, sino estaría en Disney o con Suar— es que soy bueno en la entrega. Me encanta pensar y crear cosas nuevas: si no lo tengo, me deprimo. La clave es dar un poco más de lo que piden. Mientras sirva lo que hago, soy el tipo más feliz del mundo.

 

2-¿Cómo observás el nivel de los productos en video locales?

Lobos, en comparación con toda la zona, tiene un buen nivel audiovisual. Quizá nadie lo toma como un laburo definitivo para hacerlo en serio y vivir de eso. Yo lo tomé así.

 

3-¿Qué cuestiones cambiaron en los eventos a través de los años?

Veo una juventud con mucha más cabeza, superación, pero sin devoción por hacer cosas. Hace diez años atrás, no me preguntaban: qué vamos a grabar, cuánto tiempo, hasta qué hora. En los videos clips actuados, por ejemplo, las chicas de hoy buscan que esté todo cuidado en lo estético. Antes, se prestaban más a disfrazarse de cualquier cosa. Hoy, a nadie le resulta gracioso un hombre vestido de mujer con una peluca tipo Susana Giménez. Si no te adaptás, sos un dinosaurio.

 

4-¿Por qué los que conocen cómo trabajás hablan de que sos un obsesivo?

Cuando no puedo ir —siempre aviso desde el vamos si no voy a estar— le dejo al equipo todo anotado en una planilla de Excel. Cantidad de invitados y de familiares. Quiénes son los parientes más cercanos —no le hagas una nota al abuelo que es sordo, cuidado—, cuántos primos, quiénes están separados —¿va con la esposa nueva el papá? ojo con eso—, cuántas amigas tiene la del cumpleaños. Qué música fue en el clip. Todo-todo, pero debo aclarar: obsesivo, sí, pero precavido. Llevo en la guantera de la Fiorino de Omanán, un cd con valses, la marcha nupcial y pachanga por si llega a pasar algo con la computadora del DJ.

 

5-¿Es verdad que solo una vez faltaste a una fiesta?

La primera y única vez que falté a una fiesta me dejó una marca: peritonitis. Con un teléfono Startac lo llamaba a Nico, mi hermano, desde la cama para decirle qué tenía que ir haciendo. He llegado a filmar quebrado con una bota ortopédica, con yeso o engripado.

 

6-¿Quién filmó tu casamiento?

El equipo de Omanán de aquel entonces. Fue muy loco verme filmado. Debo confesar que en la iglesia miraba a los camarógrafos para saber desde qué lugares hacían los planos.

Podría Interesarte  El chofer de Lobos que llegó con su remis hasta el Amazonas

 

7-¿En qué sentís que evolucionaste con los años?

Antes volvía de filmar y mi cabeza iba a mil: escribía los guiones, los filmaba y editaba. Todo energía, tiempo y ganas. Hoy sé qué ir a buscar para que funcione. Siempre me gustó andar a fondo: mi entorno me dice “aflojá”. Pero cuando paro, me aburro. Es mi forma de vivir, haciendo cinco cosas a la vez.

 

8-¿Qué películas son tus preferidas? ¿Mirás series? ¿Televisión?

La vida es bella —la veo cada dos años— y a Tiempos violentos de Quentin Tarantino, siempre vuelvo. Algunas series en Netflix —Breaking bad me partió la cabeza—, pero no miro casi TV —apenas un rato antes de dormir— pero sí muchos videos en Vimeo —de todo lo que se va haciendo para adaptarlas al pueblo.

 

9-Con tantos eventos: ¿Cuántos trajes, camisas y cobartas hay en tu placard?

Trajes: tres siempre listos y dos que ya están baqueteados. Más de veinte camisas y, aunque ya no uso, treinta y cinco corbatas.

 

10-¿Qué fue lo más sorprendente que viste en una fiesta?

Una fue en un 15 donde el salón de fiestas empezó a inundarse con el agua de la lluvia. Y mientras todo el mundo corría a sacar manteles, cuidar la torta y los adornos, el DJ puso a fondo la canción de No Te Va Gustar que dice “adentro llueve y parece que nunca va a parar”. Para la familia fue un garrón, claro, pero la música narró muy bien el episodio. Y la mejor: se peleó toda una familia. En un momento volaban sillas y rogeles por la ventana. Fue por una gresca de la ex mujer del papá de la chica con la actual, algo así. Imaginate: apagué la cámara, me la iban a destrozar. El padre me gritaba, ciego: ¡No filmes porque te cago a trompadas!

 

Las nuevas cámaras Sony sin luz, convierten a Matías en el fantasma de la fiesta:

 

 

 

 

 

Once cámaras, 4 PC, 12 terabytes y una pareja de drones.

 

Sin rebobinar

 

En el presente, Omanán cuenta con servicio de drones, once cámaras —“por mis manos pasaron más de treinta”—, cuatro PC de escritorio y un almacenamiento de más de doce tera bites, el mismo espacio que ocupan 20 mil cds. Como un sobreviviente que pasó de las cintas de VHS al formato digital, rebufa: “Con la tecnología de hoy no entiendo al que dice que se agota cuando edita”. En el pasado se editaba con video cassettera. Cinta en punta, corte, pausa. Insert, rewind, fast foward. Sobre la tecnología, apunta que hoy con la cámara sin luz de Sony  —“bastante accesible, estoy enamorado de ese aparato”— logra capturar miles de tomas sin que los invitados se den cuenta: soy como un fantasma en el medio de la fiesta”.

 

¿Cuándo vas a descansar un fin de semana?

A los treinta dije que a los 35 iba a dejar de asistir a las fiestas, pero me di cuenta de que me sale natural. Eso sí, la noche que mire la hora para saber cuánto falta para irme de la fiesta, ya fue, dejo todo ¡Chau!

 

 

Cobertura fotográfica: Fernando Sambade / Espacio Mirar

¿Te gustó la nota? Suscribite a nuestro newsletter o seguinos en las redes