Mariano Contrera: “Muchas personas se sorprenden que su carnicero sea escritor”


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Es el carnicero del supermercado Vea. De chico, se lucía en las clases de Lengua en el colegio Comercial y se convenció de que sería escritor. Leyó pilas de libros de la biblioteca Capponi hasta que creó sus primeros cuentos. Hoy, sus obras recibieron elogios hasta de España. Y está a punto de lanzar su primera novela sobre un atentado a Perón. Cómo lo inspiran sus clientes para sus obras.   

 

 

“Antes me molestaba el mote del carnicero que escribe cuentos, ahora no”. Es entendible: Mariano Contrera va por su cuarto libro, ya no le importa el qué dirán. Desde hace más de once años, reparte las horas entre su trabajo con horarios demandantes en la carnicería del Vea y la escritura. “Me viene una idea y tengo que anotarla donde pueda”, remarca con media sonrisa en el sillón de su living. “Pienso las frases y diálogos, pero por ahí después no queda nada”, se lamenta.

 

Este asunto de la escritura, arrancó en las clases de Lengua en el colegio Comercial y continuó durante cuatro años de profesorado de Inglés. En Lengua le ponderaban sus redacciones, aunque Mariano todavía no se percataba de que ese asunto de tipear en el ordenador sería lo que hoy llama “una manera de escaparme de todo”.

 

“Antes de dormir se me dibuja la escena e imagino diálogos entre personajes: cómo dirían sus frases o rematarían un insulto”. Cada vez que Mariano pone el punto final a un cuento o a un capítulo, lo siente como un logro personal.

 

La válvula es —entonces— sentarse a escribir. Cuándo: en las noches un poco y cada domingo, desde las nueve hasta antes de almorzar y restando horas a la siesta. Mariano se levanta de lunes a sábados a las seis y hace dos turnos de cuatro horas en la carnicería de supermercado Vea. De ahí, salen muchas de sus historias. Procesa los diálogos, pone el ojo en las maneras de narrar y acentúa —“si puedo, anoto en un cuaderno”— ciertos aspectos de los personajes típicos de ciudades del interior bonaerense. Eso que está detrás de lo que vemos. “Muchas personas se sorprenden de que su carnicero sea escritor”, reconoce.

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En sus textos aparecen esquinas emblemáticas —la demolida panadería Vilano, el banco Provincia— y paradas estratégicas —el café de la Full frente a la terminal—. Postales turísticas —la casa natal de Perón, la estación de trenes de La Laguna de Lobos— y apellidos de la guía local y alrededores —Zamudio, Garmendia, Sotelo — y una delicia: el inefable Postre Lobos.

 

 

Después de tres libros de cuentos, la novela: Las dos muertes del General.

 

 

Contrera no subraya los libros y se niega a leer en e-books. Suele decirse que uno se define a través de los libros que leyó. En el caso de Mariano, se deben sumar aquellos que leyó y sacó de la biblioteca Albino Capponi. Esa costumbre, lo transformó en lector regular y sin abandono de objeto encuadernado. “Ahora compro más,  antes, todas las semanas sacaba y leía los que encontraba en la biblioteca”, subraya y desde el sillón apunta con la pera la de su casa. No es raro suponer que el lado sinuoso y con varias vueltas de tuerca de su prosa, está bien influenciada. Su biblioteca contiene más de un centenar de publicaciones y colecciones de clásicos. Libros de Stephen King, Paul Auster y Julio Verne. De acá: Osvaldo Soriano, Julio Cortázar y Claudia Piñeiro. De más cerca, lobenses: Alan Dimaro (dibujante), Diego Gainza (historietista) y Elvira Regina (cuentista). De la literatura de la ciudad, destaca: “En Lobos, cada vez más personas se animan a escribir aunque no publiquen sus obras”.

 

 

Antes me autoimponía eso de no verme así, como un escritor

 

Contrera for export

El afán por difundir su obra, llevó a Mariano a enviar sus textos a concursos nacionales e internacionales en la categoría cuento corto. En su casa, el cartero llamó más diez veces. Recibió menciones en concursos literarios latinoamericanos organizados por la Unesco, en donde cada año participan más de tres mil escritores de todo el continente. Entre 2015 y 2016, llegaron diplomas desde Galicia y Córdoba (España), Misiones, Necochea y Balcarce. Mariano, sin cargar tintas, cuenta que envió —”por enviar y nada más”— los primeros cuentos publicados. Sin expectativa. Sin desvelo. A los pocos meses, los envíos aterrizaron en el buzón de su casa en calle Rivadavia. “Los reconocimientos, sólo me sirven para saber que lo que escribí se dio a conocer —descruza las piernas, abre los brazos— y salió de las fronteras de Lobos”.

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La idea de la novela surgió a partir de la extensión de un cuento: así se gestó Las dos muertes del General

 

 

Nadar de noche. Antes de dormir: “Imagino los diálogos de mis personajes”.

 

 

Mariano considera: “Lo que sos y lo que hacés, te define”. A siete años de su primera publicación —“La idea fija”— concluye el asunto de la auto-representación. “Antes, me autoimponía eso de no verme así, como un escritor”. Su anhelo hoy: “Hacer lo que me gusta y me llena: escribir”.

 

¿Cuál es tu búsqueda al escribir?

Busco darle autenticidad y el toque ‘real’ a lo que es ficción.

 

¿Qué comentarios te hacen tus lectores lobenses?

En general, destacan el toque de humor y algunas escenas. Hace un tiempo, una chica fue al súper y salió el tema de un gato y me preguntó: ‘¿Es el gato de tus cuentos?’. Eso me deja contento.

 

Mariano Olivera es profesor de Lengua y Literatura. Leyó sus libros de cuentos y espera la salida de la novela “Las dos muertes del General”. De Contrera destaca que no es monotemático y retrata afiladas historias cotidianas desde lo psicológico. Recomienda el cuento Limpieza profunda por la idea general: un ladrón con Trastorno Obsesivo Compulsivo con la limpieza que antes de huir ordena sin parar y se queja de la mugre. “El toque humorístico de su narración recuerda a los relatos del Negro Fontanarrosa —ejemplifica Olivera — es perspicaz, original y con un lado cómico”.

 

 

Las dos muertes del General (Ed. Modesto Rimba).

 

Luego de satisfactorias ventas de Media hora de felicidad (2013) y Calesita de 2015 —con dos ediciones en la calle— llegó, hace tres años, un cuento que se extendió: Las dos muertes del General. Tras noches y trasnoches, el texto llevaba 40 páginas y ningún punto final. Mariano se preguntó, entonces: ¿qué hago? ¿comprimo o que explote en una novela? Y explotó.

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La idea se extendió a lo largo de mil días y al fin, las esquirlas finalizaron en una novela con toques históricos ¿Y autobiográficos? Javier Sotelo, el protagonista, es un comerciante con aspiraciones literarias. Seducido por el recuerdo de un viejo amigo que jura haber presenciado un intento de asesinato a Perón, se ve inmiscuido en un drama pasional que rueda por Navarro, Cañuelas, Lobos y Luján. Se enmaraña en viajes por Santiago del Estero, Bolivia y Ecuador, hasta dar con Puerta de hierro, la casa del General durante su exilio en España. Existen y están cerca, otras figuras épicas del Siglo XX como el Che y Fidel Castro. Y, como siempre, los servicios: agentes de la CIA y de inteligencia argentina. “Me propuse contar una historia que nade por muchos lugares”, revela, “y no podían faltar postales de lo que siempre referencia a Lobos, la ciudad donde nació Perón”.

 

 

¿En qué sentido trasladás el espíritu lobense en tus textos?

Mis personajes tienen rasgos del pueblo y eso me pasa porque vivo acá. La mirada desde este lado del mundo te da un buen ojo para transmitirlo.

 

 

Lee el capítulo I de Las dos muertes del General acá

Cuentos: Guayabas, A la sombra, Pink Freud

 

Cobertura fotográfica: Estudio Mirar

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