Mailén Vera: “Siempre me gustaron los hombres y las mujeres por igual”


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Pionera del feminismo local, en 2015 fundó el movimiento #Ni una Menos. Es la primera lobense en manifestar públicamente su bisexualidad. En las redes sociales muestra su arte: baila tango y hace desnudos artísticos. Confesiones de una lobense picante.   

 

La primera vez que Mailén Vera se besó con una chica, fue en los baños de La Porteña. Ella tenía dieciséis. Abre la sonrisa como un gran portón blanco y  apunta la escena. “Había mucha cola para pasar a los baños. Era  esperar y aguantar. Y entre el ruido me llovieron llamas en la panza”. Hubo un cruce de miradas. “Nos besamos como si fuéramos las únicas en el lugar”. Con la voz temblorosa pero con sonrisa dental, dice: “Ah… fue un momento hermoso y liberador, siempre amé el cuerpo y la esencia de nosotras, las mujeres”.

 

Mailén tiene una personalidad multifacética. Por estos días de finales de año anda detonada y con mil cosas, de acá para allá. Estudios en la facultad de Astronomía en la UNLP, clases de tango y militancia en el JP Evita. A todo eso, sumó hace poco la vocación de dar clases particulares de inglés y francés. Y tiene otra vida en las redes sociales. “No me interesa lo que piensan los demás: para mí, mostrar mi cuerpo es como decir lo que pienso”. En las pantallas y con más libertad que los pájaros, vuelca, además, su costado feminista. “Pretender un mundo mejor para las mujeres surgió porque nos están matando”.

 

Ella es  fiel representante de su generación. A poco de llegar a los 30, su vida está llena de intensidad. Es la primera lobense en decir “soy feminista y bisexual”. Sobre su primer post en Facebook donde dio testimonio de sus elecciones sexuales y de género, afirma con el puño apretado. “Decidí hablar de mi bisexualidad porque soy libre”, aclara y apunta que espera que “todas las personas se animen a decir y hacer lo que realmente sienten con su sexualidad”.

 

Para Mailén no hubo un día en el que se diera cuenta que era bisexual, en su vida no hubo un ‘salir del clóset’. “Siempre me gustaron los hombres y las mujeres por igual”. Así que para ella el problema siempre pasa por lo que ven y analizan los demás. “Jamás hice algo que avergonzara a otras personas”.

 

 

 

Mailen sin tapujos. Acostumbrada a hacer de su cuerpo, una arte.

 

 

¿Qué recordás de tu destape?

Fue en mi adolescencia. Me acuerdo de muchos hombres que decían que yo sobreactuaba mi bisexualidad y que me hacía la torta para calentar machos. Mirá vos. Juro que jamás pasó por ese lado, chicos.

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Al hablar con ella no hacen falta aclarar o hacer preguntas en modo discreto.

 

¿Sentiste alguna vez que incomodabas a tu círculo?

Sí, me pasaba que de muy chica mis compañeras que se daban cuenta de mi bisexualidad les daba cosa dormir conmigo cuando hacíamos pijamadas. Pero jamás se traumaron. Muchas personas, las que pasan todo el tiempo en la vida, quizá se alejaron. Pero no les tengo rencor ni lástima.

 

¿Cómo lo viviste en tu seno familiar?

En ese sentido, mi familia nunca me trató como la hija bi, la rara, la torta, la loquita. Hoy, soy la que tira la primera piedra en las reuniones familiares sobre esos temas que para los mayores son tabú. Discutimos y me encanta.

 

A diferencia de su hermana Alejandra —“no coincido en nada con ella, mejor no hablar”—, su tía Hebe prefiere situarse como “una Mailén, pero de 70 años”. Hebe cuenta que lo que hace hoy su sobrina con su libertad es lo que le hubiera gustado hacer a ella en su juventud. Lo único en lo que difiere, cuenta, “es con esa locura de mi sobrina y las feministas de mostrar los pechos a las iglesias y andar desnudas para reclamar derechos”. Dice que las entiende, pero no se corre de su visión sobre “lo serio”. Igual banca. “Ella sabe que entre todas vamos a cambiar la realidad”.

 

 

Mailen jura que en la familia no la miran raro. Y que es la primera en llevar a la mesa los temas tabú.

 

 

Las horas sin stop

 

Un mediodía en la vida de Mailén, puede resumirse más o menos así. Hace menos de veinte minutos que Mailén acaba de levantarse —“estuve en la milonga anoche”, aclara— . Anda con zapatos de taco alto y no usa zapatillas porque jura que los tamangos le hacen llevar el tango desde la tierra al cielo. Fuma, humea y se toma el pecho. Se abraza sola. “Llevo el tango acá”, dice y mira su cuerpo y con una mano pega una pincelada invisible que va desde el pecho hasta la cintura. Muestra sus tatuajes. “Van más de ocho y me encanta”. Prende otro cigarro. Chequea sus plantas, les habla a dos gatos siameses que caminan sincronizados sobre la medianera. Está inquieta. Se corre del sol, se para y con cara de dolor se raspa apenas su nuevo tatuaje. Tiene uno que le cruza el pecho, en sus brazos y en el muslo izquierdo. Frases cortas, otros sin formas y uno de los Beatles saltando al vacío. Se pregunta si falta mucho para la hora del almuerzo. No toma agua. Aclara que se saca los lentes ahumados para hablar con la gente cara a cara. Se muestra ansiosa, pero con la calma de una primavera que todavía no es el mismo verano. “El calor me encanta: me despierto y lo primero que veo es este jardín”.

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Sin tibieza y empoderada

 

Todo el tiempo vivido la llevó a estar así: “Fuerte, decidida y empoderada”. Y eso le enseñó a organizarse. Hace tres años Mailén impulsó el movimiento #Ni una Menos Lobos. Desde ese momento supo del alcance y la eficacia que se logra a través de las redes sociales. “En la primera juntada no éramos muchas, pero sí si se tiene en cuenta que en Lobos cuesta que la gente salga a la calle”. Aquella semilla que plantó acá, en su pueblo, hoy la observa crecer a lo lejos desde La Plata. Y analiza: “Hoy sé que en Lobos hay más conciencia sobre la violencia de género y el aborto legal,  aunque muchos se siguen haciendo los idiotas”.

 

En una de las marchas del Día de la Mujer en Lobos, por ejemplo, cargó un cartel que rezaba “puta con quien yo quiero”. Un hombre grande se le acercó y la increpó con la duda de qué le diría a su hijo pequeño si le preguntaba lo que es una puta. Mailén, aplicó pedagogía corta y al pie. “Dígale lo que es, no le tenga miedo a las palabras”. El señor continuó con el malestar en el rostro. Mailén remató: “Puta define a la mujer sexualmente libre, señor, deconstrúyase: eso es una puta”.

 

 

Mailen encabezó en Lobos la primera marcha contra los femicidios. “Hay que sacar la careta a los violentos”.

 

 

Como aquella escena tiene miles. Pero hay algunas que Mailén no quiere que sean olvidables. “Hay que sacarle la careta a los violentos y abusadores ¿cómo? Contando la verdad”. Se emociona cuando menciona alguna historia ajena —de violencia o abuso— que la atravesó. “En mi rol de referente política y de género, escucho todos los días episodios terribles”. Pero está acorazada.

 

¿Cómo se empieza con alguien que teme hablar?

Mirá, yo no soy psicóloga ni doctora, pero sí soy mujer. Y esa condición no es menor. Las mujeres sabemos cómo es eso de sentirse maltratadas, vulneradas, golpeadas y abusadas. En la calle y en todos los ámbitos nos pasa. Soy alguien que actúa en momentos donde para las víctimas todo aparece como desbordado y con muchas presiones. Ahí es cuando se destapan las ollas. A mí me pasó.

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¿Lo querés contar?

Sí, totalmente. Fue cuando recién llegué a La Plata. Hace menos de dos años. Hoy puedo decir que ese tipo es un enfermo y un tarado. Un inseguro que se pensó que me iba a tratar como a muchas mujeres que se encuentran en una situación desfavorable. Se quiso pasar, pero no fue a dar con la mejor. Es la clase de violento y abusador que somete a las mujeres a través del famoso “¿Necesitás plata? Yo te ayudo” y no deja de acosar por teléfono y en las redes. Y eso, con quienes no tienen nada puede terminar con abuso sexual. Conmigo se enojó cuando después de tomar un café en mi casa le aclaré que no me gustaba y que yo estaba en pareja. Pero insistía, tuvo situaciones violentas conmigo y lo denuncié ante la Justicia y en las autoridades del partido. Ése ya no molesta más a nadie.

 

¿Cómo continuó todo después?

Fue horrible, porque otras mujeres comenzaron a relatar episodios en donde este hombre las extorsionaba: les daba dinero y después se aprovechaba con sexo. Y como todo machirulo, conmigo se enojó y me trató de histérica. Hoy se debe dedicar a otra cosa. Desde ese día me siento aún más fuerte. Se le terminó a ese macho.

 

 

“Anhelo que todas las mujeres vivamos nuestra lucha libres y unidas”.

 

 

 

Más allá de su lado exterior, existe en Mailén algo que sale de adentro con dirección hacia los demás. Cuando habla es como que si estuviera en deuda con todo lo que queda por hacer. Ahora son cerca de las cuatro de la tarde. Recostada en un sofá cama, acota: “Vivo para que la realidad de todos se transforme”.

 

Las preguntas se van terminando, pero aún quedan dos.

 

—¿Tenés una frase de cabecera?

—Vamos, compañeras, que el patriarcado se va a caer. Se va a caer…

 

—La última: ¿Cuándo vas a parar de tatuarte?

—Mirá, tengo un amigo tatuador que la rompe. Además: ¿No me quedan hermosos?

 

***

 

Producción fotográfica: Fernando Sambade / Estudio Mirar!

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