Luisina García: La voz más prometedora de Lobos


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En Lobos, todos quieren tocar con ella. Luisina García, 24 años, es la voz revelación de la ciudad. Cómo es criarse en una familia de músicos. El día que un problema en la garganta casi la obliga a renunciar a todo.

 

 

¿Cómo y cuándo alguien se entera que tiene una destreza para la música? Luisina García, cantante y estudiante de Musicología, lo supo a los ocho años. Desde ese momento, su historia viró siempre en torno a las armonías y las formas de expresión con lo que ella llama “mi instrumento, la voz”. Para este año, siguen latentes sus presentaciones junto a bandas de todos los estilos. Y en la ciudad todos quieren hacer canciones con ella. A dúo en formato acústico con su hermano Manuel, con el proyecto experimental Detroit, con la bossa en Buena Madera y el soul-rock-funk con La Mix.

 

 

Su historia dentro del universo musical, como dijimos, tiene una fecha puntual, una señal con ribetes y toques mágicos. Fue en agosto de 2001. Los trillizos García, Manuel, Lautaro y Luisina, cumplieron ocho años. Ese día, su papá Luis —músico, quenista del grupo local de folklore Sobre Raíces— les preguntó a cada uno qué instrumentos les gustaría tocar. Los varones eligieron guitarra y bombo. Ella lo sorprendió y optó por otro regalo menos convencional para una niña: una quena. Pero ese encanto por el instrumento andino le duró dos meses. “En seguida me incliné por cantar porque me salía espontáneo”. Ya con diez conoció un abanico amplio de voces femeninas gracias a su abuela Marta —“una verdadera melómana”—. Así, Luisina conoció a Madonna a Mercedes Sosa y a la voz rasposa de Janis Joplin.

 

 

 

 

En tanto, Fabiana su mamá, le contaba sobre las canciones que escuchaban con Luis en sus primeros años de novios. “Mi impacto fue a los catorce con los discos de Almendra, Pescado Rabioso y Los Beatles —recuerda convencida— y ya no los dejé más”. Esas escuchas minuciosas le acercaban encanto, pero todavía, a los quince, no sabía que de tanto entrar en esas obras de arte Siglo XX, le iban a afinar el oído. Estudiar guitarra también fortaleció su idea sobre la música y aprendió un poco de piano y de su preferido: el ukelele, como el que usaba George Harrison, “mi beatle preferido”.

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Luisina tiene apertura hacia muchos estilos. De chica, cuenta que volaba con «La flauta mágica» de Mozart y “no me sentía freak por escuchar música de adultos”. Pero para cantar, hoy, descarta “lo operistico:  mi formación fue entre el pop y el blues, música popular, pero nunca de los Guns and Roses”.

 

 

Más música. Luisina y el ukelele “trasladable y hermoso”.

 

 

¿Todo te lleva a pensar en y con música?

Sí, cuando terminé el Secundario dudé en anotarme en la carrera de Cine, pero investigando descubrí Musicología, donde se atraviesa, entre muchas temáticas, la historia de cada región en donde nacieron y se desarrollaron los géneros musicales.

 

 

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«Mi abuela me pasó discos de voces femeninas matizadas y suaves: Carly Simon, Joni Mitchell y Joan Báez, que me llevaron a conocer otras como Luisa Hannigan y apreciar lo dulce de otras, de varones, como Bob Dylan y Stevie Wonder».

 

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Música, investigación y profesora de canto en Estudio Talents.

 

 

Ahora está por cumplir veinticinco y tiene tres objetivos en marcha. Sueña con dedicarse de lleno a cantar soul, terminar la carrera de Musicología en la UBA y continuar especializándose. “Quiero aprender para hacerlo con tranquilidad”. Esa aspiración a la perfección, dice, le juega en contra. “Para fluir necesito hacerlo sabiendo que puedo escucharme desde adentro para afuera”, y explica que “sin eso, me pongo incómoda: la paso mal”.

 

 

Y ella canta así —dedicada— porque vive así. No está apurada y siente que la música será no sólo su medio de vida, sino su vida misma. Pero “tengo que formarme”, advierte. Hace ejercicios de vocalización todos los días. Lanza notas en el piano y va cambiando las tonalidades para educar sus cuerdas vocales. “De otra manera, me resultaría imposible evolucionar”. Luisina vive así porque elige ser así. “Pienso mucho antes de lanzarme y voy por la búsqueda de hacerlo correcto, fluido y sensato”.

 

Con Jorgelina Pachamé, su profesora actual de canto, aprendió a matizar y armonizar sacándole a su voz “el aspecto más suave y no forzado”. Y en la ciudad la señalan como una promesa: otros cantantes, músicos de rock y jazz y también los que andan por estilos acústicos, saben que su fuerza suave se amolda y mejora las canciones.

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A dúo con su hermano Manuel, hacen canciones de soul, folklore y pop.

 

‘Me quedé afónica, no canto más’

Tarde del verano 2018 en el parque Municipal de Lobos. A media tarde, el sol se apacigua entre los eucaliptus. Luisina García, pelo atado, toca el ukelele con los ojos cerrados. Canta armonías suaves arrastrando emes. Pero tres meses antes, en el mismo lugar y viendo bandas en el Rock al Parque, su mueca estaba triste como la cara del muñeco de Almendra en su remera rosa y blanca. Esa semana le habían diagnosticado esbozos nodulares, unas inflamaciones en las cuerdas vocales previas a la afonía. Luisina sintió miedo y ahogo en la garganta. Y supo que la razón era el mal uso de su entonación en las clases de Música en el colegio Nacional a chicos de primer año. Cantando con el proyecto Detroit una señal le hizo decir basta. “Cuando hicimos la última canción no me salió ni el ‘gracias’: sentí que me había quedado muda”.

 

 

¿Cuál fue tu reacción post show?

Pensé en no cantar más. Subir el tono para dar clases me sacó fuerza y como que dije chau. No contar con un buen sonido en el escenario me obsesionó esa noche, me sacó de eje y me puso nerviosa. No escucharse bien, sin un buen retorno de la voz, implica una propensión a desafinar y me saca. Fue una crisis, con semanas de preocupación, miedo, todo junto.

 

 

Antes de ese aviso, cantaba y entonaba sin prestarle atención a los volúmenes de su voz. Superar el miedo y aprender las técnicas con una foniatra la impulsó a seguir adelante. Mientras le sucedía todo eso, recibió una buena noticia. Fue becada como investigadora en Historia de la Música popular argentina. Repartida entre Lobos y Capital. Por eso, decidió renunciar a sus horas y abocarse al estudio e iniciarse en el camino del yoga. En menos de tres meses, pasó de la preocupación al entendimiento. “La voz es mi instrumento, el más natural y complejo y necesito cuidarlo”. Así, hace poco logró apaciguar los miedos —“los esbozos nodulares también se fueron”— y superar el ingreso a la Escuela de Música Popular de Avellaneda.

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“Con Lorenzo somos coleccionistas de discos”.

 

 

Compañero

Con su novio Lorenzo Ferrari —trompetista de la banda de reggae local Circuito de Budapest— se conocieron hace siete años. Y los conectó la música. Tenían diecisiete cuando un profesor los convocó para armar una banda interescolar. Hacían covers de rock nacional. Lorenzo tocaba la guitarra y Luisina era la cantante, claro. En los días de miedo a quedar afónica por los esbozos nodulares, Lorenzo la abrazó mucho. Sabía que su temor pasaba por estar en riesgo “el instrumento que va a utilizar toda la vida”. Por conocerla bien y compartir ese asunto de ponerse a escuchar canciones, coleccionar vinilos e ir a shows de música de todos los géneros, supo que no iba a quedarse sin hacer sonar su voz. “Hoy, la imagino en una gran banda de soul y de jazz”.

 

 

 

¿Para cuándo la banda de los trillizos García?

Hemos tocado algunas veces, pero más con Manuel que con Lautaro. Con Manuel armamos un set acústico con canciones de música brasilera, Jorge Drexler, Lisandro Aristimuño, Michael Jackson, Paul McCartney. Sonamos en Almacén de Ideas y en la Sociedad Española en Lobos, en Bernal y en La Plata. Hubo buenas devoluciones. Él vive en La Plata, pero algo vamos a armar porque después de cada show nos han llamado de muchos lados para ir a cantar.

 

 

¿Cómo ves la movida musical joven en Lobos?

Está todo muy volcado para el palo del rock, pero de a poco muchas bandas están entrando en ritmos más tranquilos: más reggae y funk que años atrás era impensado.

 

 

¿Cuál es tu plan?

Aportar bossa, jazz y soul a la escena de Lobos.

 

 

¿Qué tiene que tener una canción para que decidas interpretarla?

Si no siento que les puedo agregar mi magia, las dejo de lado.

 

 

 

Cobertura fotográfica: Fernando Sambade / Espacio Mirar!

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