Leo Jorge, del Fitti Ferro a la cima del tenis mundial


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Empezó a entrenar a los nenes del Fitti y hoy es preparador físico de Juan Martín Del Potro. Además, entrena casi en secreto, a uno de los mejores deportistas lobenses de todos los tiempos. Por qué dice que su deporte no es el tenis y cuál es el camino para que Lobos logre un gran deportista.

 

 

Los mejores tenistas del mundo desgastan sus cuerpos golpeando pelotitas durante horas, día tras día, todo el año, toda su vida. Cuando funciona, levantan trofeos, ganan mucha plata y enamoran a las mejores minas. Para que esos cuerpos resistan tanto peso, tanta exigencia, en las sombras hay una persona clave: el preparador físico. Y Lobos tiene al preparador físico del mejor tenista argentino de la última década, Juan Martín Del Potro. Ese lobense pasó su infancia en el Fitti Ferro pero en vez de raqueta llevaba una pelota de fútbol o se metía con sus amigos a la pileta. Recién pisó una cancha de tenis a los 18 años y desde allí no paró de crecer, con ustedes: Leonardo Jorge, el hombre en las sombras.

 

“Me gusta más jugar al fútbol que al tenis”, confiesa Jorge “me hubiese encantado ser futbolista profesional”. Si bien no es un sueño tan original, él había dado los primeros pasos. Jugó un año en la octava de Boca Juniors. Pero… “no me banqué tomarme dos bondis para ir a entrenar mientras mis amigos se quedaban en el Fitti”. En esa época viajaba con “Pipo” Amadei, el lobense que llegaría a debutar en la primera de Boca. “Hoy lo pienso “uy, por qué no me banqué?”, quizás me faltó alguien con experiencia que me aconseje”, reflexiona Leo “pero hay que tener una fortaleza que en su momento no lo tuve”.

 

Leo en el Fitti, “mi casa”

 

Hoy lo ve desde afuera y va a la cancha a alentar al club de sus amores, EFIL, con su barra brava personal: Vicente (7) y Emilio (6), sus hijos. “Vicente está por empezar a jugar la liga de Lobos”, cuenta ilusionado. Y confiesa que le gustaría más verlos en una cancha de fútbol que en la de tenis, “pero lo que ellos elijan está perfecto. Yo me preparé toda la vida para lo que hago, es mi sueño. Eso es lo que quiero dejarles a ellos, que luchen por lo que sueñan”.

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Me gusta más jugar al fútbol que al tenis, me hubiese encantado ser futbolista profesional

 

Los primeros cuerpos que resistieron el entrenamiento de Jorge, fueron los nenes de la escuelita de tenis del Fitti. Leo (es casi imposible encontrar alguien en Lobos que lo llame Leonardo), tenía 22 años y se iniciaba en la preparación física con los alumnos de Daniel Sorribas, histórico profesor de tenis del club, ahora radicado en España. Aún no lo sabía, pero su destino ya estaba marcado. “Desde los 12 años Leo (vieron que hasta la madre lo llama así), ya me decía que quería ser profesor de educación física”, recuerda Mabel, su mamá.

 

“El Fitti”, completa Leo, “siempre fue como mi casa”.

 

Tal es así, que trajo al Fitti a sus primeros jugadores profesionales. En el club, todos recuerdan la exhibición que dieron Facundo Bagnis (top 55) y Eduardo Schwank (top 50 y ganador de un torneo ATP en dobles), ambos entrenados por Leo e invitados a su segundo hogar. Schwank lo rememora así: “Los lobenses nos trataron muy bien”.

 

 

El glamour de ser suplente

 

Para Jorge, la entrada al circuito internacional de tenis se dio por la puerta más glamorosa: el torneo de Monte Carlo, junto a una bahía repleta de los yates más lujosos del mundo. Aunque Leo llegó allí como suplente… bueno, tampoco todo puede ser tan perfecto.

 

La cuestión es que Ignacio Chela (top 15 y ganador de 6 torneos ATP), viajaba a uno de los torneos más importantes del mundo y su preparador físico no podía acompañarlo; ahí entró en acción Jorge. “Ese viaje me marcó”, recuerda Leo “eso era lo que quería hacer toda mi vida”. El deporte fue su pasión y en el entrenamiento encontró la clave del éxito. “Como en empecé a jugar de grande, en el Fitti todos me ganaban”, reconoce Leo “pero me entrenaba para llegar a jugarles de igual a igual”.

 

Tiempo después de esa suplencia, llegaría el momento de tener bajo su preparación física a otros grandes tenistas argentinos, Schwank, Bagnis, y Máximo González (top 60) a quien acompañó en el equipo de la Copa Davis. Fue a través de González el primer contacto con Del Potro; pero de eso hablaremos en unos momentos.

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Leo en el banco de la Copa Davis

 

Antes queremos advertirle que no todo en la vida de Jorge fueron pelotitas amarillas y peludas. La preparación física lo llevó a los escenarios más diversos e incluso lo tiene trabajando con uno de los mejores deportistas lobenses de la actualidad. Es verdad que el polo no es el deporte más popular, no suele reunir multitudes en los bares para seguir un partido, pero hay tres cuestiones que son indiscutibles. Uno: Guillermo “Sapo” Caset es uno de los mejores polistas del mundo y llegó a ser 10 de hándicap (el mayor status, donde solo acceden los mejores). Dos: El “Sapo” Caset también es lobense. Tres: hace seis años que la preparación física la hace junto a Leo Jorge, . De hecho, este año Jorge viajó a la gira norteamericana acompañando a Caset. Esta exitosa dupla local no es muy conocida, pero hace rato que cosecha triunfos. “En la gira por USA no solo me entrenó a mí”, explica Caset “sino también a todo el equipo, incluso a nuestro patrón”. El polista reconoce que les sumó mucho a Tonkawa, el equipo donde juegan “¡hasta le ganamos a Adolfo Cambiaso!”, celebra haciendo mención al mejor polista de todos los tiempos. “Leo es muy divertido, sin dejar de ser profesional. No me permite perder la forma, y eso que cuando me da fiaca, si puedo me hago el boludo”, admite entre risas el Sapo.

 

 

La conexión Gonzáles-Del Potro

 

El vinculo secreto con Del Potro nació en la tierra del mejor salame. Tandil es el lugar de origen de Máximo González (entrenado por Leo) y Juan Martín del Potro, ambos se conocen desde muy chicos, y a su vez Leo ha compartido varios encuentros con Juan Martín en el circuito ATP. “El primer llamado fue para entrenarlo un par de semanas en Bs As”, cuenta Leo “fue todo muy rápido, hablamos un jueves y un lunes estábamos entrenando juntos”. Luego del par de semanas, el vínculo prosperó y viajaron juntos al torneo de Washington y luego al US Open –el torneo más importante para Del Potro ya que lo ganó en el 2009-, allí logró una de las mejores actuaciones del año, con Jorge en el banco del equipo, al llegar a semifinales y perder con el que sería el ganador del torneo, Rafael Nadal. “Me llamó mucho la atención como lo quieren a Juan Martín en el US Open”, confiesa Leo.  “Juan es un atleta impresionante, tiene una capacidad para entrenar muy buena, pero al ser tan alto lo que más tiene para trabajar es su movilidad. Igual de los tenistas altos es de los que mejor se mueven”. Jorge explica que el deporte en general –y el tenis no es la excepción-, se va haciendo más potente y más rápido y las lesiones siempre van apareciendo, “el alto rendimiento no es saludable para el aparato locomotor”.

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Leo en el US Open, en el equipo de Juan Martín Del Potro

 

Todo fue muy rápido, hablamos un jueves con Juan Martín y un lunes estábamos entrenando juntos

 

Volviendo a casa

 

“Hoy Lobos tiene las instalaciones para sacar tenistas profesionales”, afirma Jorge “pero igualmente es un proceso muy largo y al final lo determinante es la capacidad humana”. Opina que el mejor tenista que vio en Lobos es Federico Paskvan ya que consiguió puntos ATP “y tenía un tenis muy vistoso, muy lindo”, y hoy Melany Krywoj “está al nivel de Federico en cuanto a talento, pero aún tiene mucha carrera por delante y hay que ver hasta dónde llega”.

 

Lo sigue desde adentro y también desde afuera. Sentado en algún bar europeo, compartiendo una charla con Diego Dinomo –el exitoso entrenador de tenis lobense radicado en España- “nos la pasamos hablando del Fitti, de los momentos que pasamos ahí”.

 

Leo Jorge, preparador físico

 

Volviendo a ese club, a donde todo empezó. A donde confiesa que se sentaría a ver un partido entero de Nacho Nazabal: “Porque con un tenis no muy ortodoxo se las rebuscaba para complicar a todos”. Nacho fue uno de sus primeros compañeros de dobles en esos torneos del Fitti “y me pasó algunas mañas y secretitos del tenis”, que aún hoy le son útiles. A ese mismo club de veredas de polvo de ladrillo, donde supo traer a jugar a sus mejores jugadores, ¿invitaría a Juan Martín Del Potro a que reviente un par de pelotitas? “Uh, sería un sueño”, reconoce Leo. “Me gustaría que venga a Lobos ¡aunque sea a comer un asado!”

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