José Ramón Persi: El aguatero más querido de Lobos


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Empezó a los 14 y hoy tiene 54 años en el oficio y 4600 clientes. Reparte a vecinos, deportistas, intendentes y modelos. Algunos le tienen tanta confianza que hasta le dejan las llaves. Los riesgos de beber agua de grifo.

 

 

AGUATERO POPULAR. En Lobos y en los pueblos de la zona, Persi es tan conocido como el intendente.

 

 

Afuera, uno de los días más calurosos del año. La calle, un horno. La gente, derretida. Adentro, en este depósito de 800 mts en Empalme Lobos, José Ramón Persi transpira y sonríe. El calor no sólo le trae suerte. Le trae más pedidos. “Esta es la mejor etapa del año para mí”, dice, “después las ventas en marzo se caen”. Persi es uno de los proveedores de agua más antiguos de la región y también uno de los que tiene más clientes: despacha a diario más de 500 bidones entre sus 4600 clientes. Vecinos, empresas, médicos de pueblo, deportistas, intendentes, actores y modelos, una clientela que Persi cuida como si fuera su propia familia –y guardarse de revelar sus nombres-. “¿Ves ese manojo de llaves de ahí?”, Persi señala una mesita en su oficina. “Son de mis clientes. Me tienen confianza. Hoy en día, ¿a quién uno le da las llaves de su casa? A nadie”.

La vida de Persi está pasada por agua. Su papá sodero lo inició en el negocio en 1964, a los 14 años. Su madre murió tempranamente y José y su hermano menor se subieron a un carro tirado por caballos y a repartir soda durante toda su infancia. Se hizo tan hábil con los caballos –llegaron a tener cinco con el padre- que él mismo herraba los suyos. En 1972, pasó del caballo al tractor. Y en el 80 a su primera camioneta.

A los 15, José se independizó –repartía por entonces a 100 clientes-. En 1974, se lanzaron los sifones de plástico y cuando Persi quiso pasar del vidrio al plástico, un químico le advirtió: “mirá que este producto aún no se sabe si es bueno para la salud”. Persi hizó análisis y descubrió que la mezcla del gas con el plástico era tóxico. “Salía a hablar en todos lados alertando a la población, hasta en el canal 4” recuerda Persi.

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A CABALLO. Persi trabajó en todos los medios de transporte. Aquí una foto de su primera época.

 

A los 22 años, en  1972, en una reunión de aguateros en el INTI un ingeniero le encendió la lamparita. “Éramos 150 colegas. Y el ingeniero dijo: ¿Quién de ustedes vende agua? Sólo dos levantaron la mano”, hace memoria Persi. Eran los primeros repartidores de agua en Capital Federal. “Nos dijo que para el 2015, no iba a exisitir el agua potable en la Argentina. ‘Va a estar toda contaminada’ , previno el ingeniero”.

En los 70 y 80, antes del boom de las gaseosas, era furor la soda y Persi despachaba 200 cajones por día. Luego del aluvión de las gasesosas, vino la caída libre. Se cerraron varios repartidores y Persi compró siete soderías en Lobos que cerraron sus puertas. Pero el hombre, visionario, tomó aquel pronóstico con seriedad y de regreso en Lobos perforó un pozo para obtener agua. Investigó el asunto. Y preparó el terreno para diversificar el rubro soda. Descubrió que debajo de Lobos corren dos ríos subterráneos, el Puelche –a 105 metros- y el semi Puelche –a 75 mts-. “Llegar al semi Puelche, no es tan difícil, pero con el Puelche es muy complicado”, dice. “Es agua que viene directa de las cimas de los Andes. Mejor imposible. El que lo encuentra al Puelche es Gardel”.

En Lobos, hay una emanación natural de manantial que brota en la zona del barrio Country, hoy propiedad privada. “Es del semi Pehuelche. Lo que pasa es que no siempre brota esa agua, con lo cual nunca se pudo explotar”.

VISIONARIO. Persi pasó de la soda y apostó al agua cuando todos le advertían que iba a fundirse.

 

En los ‘90 Persi apostó al agua: compró en una distribuidora de Avellaneda con perforaciones en San Vicente, y empezó a vender bidones en los campings y en los peajes. Los colegas se le reían en la cara: “¿Estás loco vos? Vendés agua al que consume soda. Competís contra vos mismo”. Pero Persi es un hombre de horizonte largo. Y no tenía fronteras: llegaba incluso a aprovisionar hasta peajes de Azul , Tres Arroyos y Balcarce. Hasta que un día, un directivo de los peajes lo llamó para decirle que, tras un análisis descubrieron que el agua que les vendía estaba contaminada. Persi entró en crisis. “Descubrí que, la empresa de Avellaneda estaba en manos de un reconocido político, truchaba los análisis y usaba simple agua de grifo”, dice. La empresa de peajes hizo una demanda, pero Persi salió intacto: y recayó la responsabilidad sobre la compañía de agua.

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Rápido de reflejos, Persi cambió de empresa en un abrir y cerrar de grifo. “Cuando fue lo del agua trucha, casi me quedé sin nada, y de casualidad encontré a un distribuidor en González Catán que era amigo de papá y me dijo: ¿qué necesitas josé? Y al día siguiente me llenaba un camión con bidones. El tipo me salvó la vida”. Persi se emociona. “Pasaron décadas y aún hoy se me llenan los ojos de lágrimas”.

En 1999, se separó del hermano –este quedó con la sodería y un puñado de clientes de agua-, Persi siguió con el agua e invirtió en campaña publicitaria. Pasó de 150 clientes, en tres años a mil.

Del agua de González Catán, paso a Villa del Sur y luego a Cimess. “Los de Cimess son los número uno tiene 58 plantas en la Argentina y distribuyen de Ushuaia a la Quiaca”, elogia Persi. Años atrás, Persi descubrió el lugar donde se aprovisionaba Villa del Sur, un agua natural que brota entre Pehuajo y Bolivar. Se llama Agua Va, que embotella uno de los tres manantiales naturales del país. “Es un agua increíble, natural”, dice Persi y pide a uno de sus hijos que muestre una planta que se mantiene siempre verde empapada en esa agua. “Si fuera un agua tratada de grifo como el 90% de las aguas que se venden en Argentina esta planta se pudre. Pero mirá cómo está. Impecable. Lo que pasa es que a la gente le dicen agua mineral y piensa que eso ya  por el nombre es bueno. El agua tiene aproximadamente 29 componentes analizables. Pero depende los minerales que tenga y en la cantidad que tenga”.

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-¿Y qué pasa con el arsénico en Lobos?

-En toda la provincia de Buenos Aires hay problema con el agua. Y no sólo es arsénico, está pasado de lo normal, hay otros componentes que son peligrosos para la salud. Pero pocos quieren hablar de este tema. En mi caso tengo cinco clientes que tienen tanta conciencia del daño que les hace el agua de grifo, que hasta me compran agua para bañarse.

Persi se quita una gota del sudor que le cae por la nariz. En su oficina, se respira H2O: tiene fotos hasta del primer filtro diseñado por Sarmiento. Tiene 54 años en el rubro. Dice que en dos oportunidades le ofrecieron hacer un libro pero lo quiere hacer por su cuenta.  “Imaginate tantos años en la calle, las historias que ví y las anécdotas que escuché”. Persi tiene 68 años. Sigue en la venta de agua pero tercerizó los repartos. Hoy, lo ayudan sus hijos. Afuera, la temperatura sube y sube. Y aquí dentro, Persi trabaja y trabaja. Ya es, en Lobos y la región, a veces tan conocido como el intendente. “Donde quiera que vaya no importa la ciudad”, dice él, orgulloso, y felizmente transpirado, “siempre encuentro amigos”.

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