Su padre murió en el accidente de LAPA y ella rehizo su vida en Lobos: “La tragedia me mostró caras que no conocía de este país”


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A 18 años del desastre aéreo más dramático de la Argentina, donde murieron 65 personas, Ivanna Ramonino cuenta cómo fue perder a su padre en la tragedia que continúa impune. ¿Cuáles son los riesgos de las nuevas aerolíneas low cost?

 

La noche del 31 de agosto de 1999 Ivanna Ramonino, de 19 años, estaba en su casa de Ramos Mejía, con el pijama puesto. Había tenido un mal día: llegó más tarde del trabajo porque, al irse, dejó la llave puesta del lado de adentro y trabó el local donde trabajaba. Su mamá, Rita, la esperaba para cenar. También a su padre, Oscar, que a esa altura de la noche ya debía estar en casa. El hermano de Ivanna, un año mayor, jugaba al básquet.

 

En la TV emitían CQC. Pero a las diez de la noche, la transmisión se interrumpió por un flash informativo. Un accidente de un avión de Lapa, del que aún no se sabía mucho, había provocado un incendio y un gran número de víctimas. Rita e Ivanna pegaron los ojos al televisor hasta que un Chrysler Neón blanco, como el de Oscar, apareció en pantalla. Estaba partido al medio, pero llegaba a verse la patente.

 

—Mamá ya tenía la cara desencajada.

 

Rita corrió a buscar los documentos del auto para chequear la serie. Miró el papel, miró la pantalla y miró el papel otra vez. “Es lo último que me acuerdo —dice Ivanna—, me desmayé”.

 

La tragedia dejó 65 muertos por incineración y 40 heridos.

 

 

A las 20:54 un avión Boeing 737 del vuelo 3142 de Lapa tenía que partir de Aeroparque Jorge Newberry y aterrizar en Córdoba una hora más tarde. Pero nunca despegó: siguió su curso por tierra y atravesó todo el predio aeronáutico, cruzó la Avenida Costanera Rafael Obligado, arrolló el auto de Ramonino —que volvía de una reunión de trabajo— y chocó contra una planta reguladora de gas. Hubo una explosión y un incendio. Un total de 65 personas fallecieron (la mayoría por incineración) y 40 resultaron heridas. El accidente de Lapa es considerada la tragedia aeronáutica más grave de la historia argentina.

 

Pasaron 18 años de esa noche. Ahora, Ivanna vive en Lobos, y su casa está a metros de la Laguna. Entre su domicilio actual y aquella casa de Ramos Mejía vivió en otros puntos del conurbano, en Ciudad de Buenos Aires y en San Marcos Sierra, en Córdoba. Desde hace siete años está instalada en Lobos. En la ciudad ya vivían su mamá y su hermano, y en la zona de la laguna, ella y su familia encontraron un lugar tranquilo, en un entorno natural y cerca de los suyos. Llegó con su pareja y una hija de un año (que hoy tiene ocho). En Lobos, fundó Espacio Mirar, donde enseña danzas. Entre el éxodo porteño y la tragedia de Lapa hay una relación directa: “Todos trabajamos para que se haga Justicia, pero en un punto necesitamos alejarnos y reconstruir la vida que se terminó con el accidente”.

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El auto de Oscar quedó despedazado tras el impacto del avión de Lapa.

 

 

La madrugada del 1 de septiembre

El primer lugar al que fueron Ivanna y Rita después de ver las noticias fue al Hospital Fernández. Ahí, habían escuchado, se informaban las listas de fallecidos y heridos. Cuando llegaron, a Ivanna le pareció que estaba adentro de una película: “Había un mundo de gente, cámaras, luces. Pero nadie te daba una respuesta”. Rita chequeó todas las listas que había en el hospital. Ivanna volvió a desmayarse.

 

Ella, su mamá y su hermano, recorrieron hospitales, comisarías y morgues a lo largo de la madrugada. Se desencontraban y volvían a encontrarse en distintos puntos de la ciudad. “No teníamos ninguna certeza —dice—, y hasta ese momento se hablaba de que podía estar en shock, perdido o en algún hospital”. Por eso, también le dedicaron tiempo a describir a Oscar frente a micrófonos de radios de todo el país y cámaras de televisión, mostrar fotos y dar sus datos de contacto. Durante toda la madrugada del 1 de septiembre, la familia Ramonino no supo exactamente qué buscaba.

 

A mitad de la noche, la hipótesis de que Oscar estaba perdido cobró más fuerza. En una estación de servicio, un periodista le dijo a Ivanna que había conocido a un hombre que frenó en el semáforo a pocos metros del punto donde el avión cruzó la calle. “¡De la que me salvé!”, había dicho el hombre al periodista. “Imaginate, es una cosa que no te esperás. Vas en el auto por la calle y se te cruza el avión, era posible que estuviera confundido, impactado”, dice Ivanna. La idea de que su papá fuera ese conductor la mantuvo inquieta toda la noche.

 

No teníamos certezas horas después y se hablaba de que podía estar en shock, perdido o en algún hospital

 

 

Hacia el final de su recorrido terminó en el lugar exacto del accidente. Se le acercó un hombre que la vio desorientada. “Era un tipo que hablaba con los policías, con los fiscales, se manejaba como si tuviera cierta jerarquía aunque no supe quién era”. Él la acercó a una de las médicas forenses, que escuchó a Ivanna repasar lo que le había dicho un periodista desconocido en una estación de servicio de algún lugar de la Capital Federal, en algún momento de la madrugada.

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—A tu papá lo arrolló el avión—le dijo la médica—. Quedate tranquila. Fue un segundo, ni se dio cuenta.

 

Ivanna se quedó dura. Repasó todo para encontrarle sentido. Un hombre se va a trabajar y al salir de una reunión, un avión que no despega se mete en la calle. Pisa a un solo auto: el de su papá. “No —pensó—, no tiene ningún sentido”.

 

 

Encontró a su mamá y a su hermano cerca de las oficinas de Lapa, en la puerta siete de la zona de embarques.  Rita recibió un llamado de parte del senador Eduardo Menem —horas antes, en el hospital, el funcionario se había mostrado ante las cámaras, aunque con pocas respuestas—. Le avisaron a Rita que cerca del auto habían encontrado un cuerpo, pero que no era compatible con la contextura física de Oscar. Es decir, Oscar aún podía estar vivo.

 

Esa mañana, Ivanna se fue a dormir a casa de una amiga. Despertó con su mamá al lado. “¿Lo encontraron?”, fue lo primero que le preguntó. “No —le respondió Rita—. No es posible. Papá falleció”.

 

 

Tiempo después de la tragedia, Ivanna y su familia se mudaron a La Laguna.

 

 

El después de la tragedia significó decirle chau a la vida como la conocía

 

 

Bajo costo, riesgos altos

La identidad del cuerpo de Oscar tardó un mes en confirmarse. Durante los meses que siguieron la rutina en la casa de los Ramonino desapareció. Ivanna dejó el trabajo y la carrera. “En casa no había más horarios ni rutinas. No había tiempo para sentarse a comer. Fue decirle chau a la vida como la conocía”. Había que ver abogados, hacer trámites, hablar con periodistas, ir a canales de televisión a contar todo de nuevo. La familia de Ivanna empezó a encontrarse con familiares de las demás víctimas, en su mayoría cordobeses, y formaron la Asociación Víctimas de Accidentes Aéreos Argentina. “Yo no era naif  —recuerda—, pero la  tragedia de Lapa me mostró caras de este país que no conocía, negligencia, corrupción y todo tipo de miserias”.

 

La causa, explica Hugo Wortman Jofré —abogado de la Asociación— a ADN Lobos, terminó con la condena de dos directivos de Lapa, el Gerente de línea y el Gerente de operaciones, aunque ninguno de ellos fue preso. Durante el juicio no pudo probarse la responsabilidad del Presidente y del Vicepresidente, a pesar de las abundantes pruebas que dejaron en evidencia que la política de la empresa era ahorrar costos en medidas de seguridad y capacitación del personal. Lapa debía seis años de vacaciones a sus empleados y no habilitaba a los pilotos para que se sometan a los dos simulacros anuales que debían hacer los pilotos en Estados Unidos. “Si tenés a un piloto cansado y lo ponés a volar —agrega Wortman Jofré—, no solo estás infringiendo la regulación laboral, sino que estás violando leyes de seguridad básicas”.

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Para el abogado, las nuevas líneas de bajo costo habilitadas para volar en los últimos meses en Argentina, “representan un riesgo en tanto se manejen de la forma que lo hacía Lapa”. “En Europa —continúa—, las ‘low cost’ te cobran todo por separado, pero no ahorran en medidas de seguridad para poder bajar el costo de los pasajes”.

 

 

Tras abandonar Administración de Empresas, se dedicó a la danza.

 

 

Durante dos años, la propia Ivanna fue la encargada de difundir todas las acciones de la Asociación, llamar a cada medio y recordar fechas de manifestaciones, instancias judiciales y aniversarios de la tragedia. “Era lo que teníamos que hacer”, recuerda, “pero también me resultaba muy duro nunca dejar de pensar en el tema”.

 

En algún punto fue demasiado y la vida de Ivanna dio un vuelco. Abandonó sus aspiraciones de convertirse en administradora de empresas y se dedicó de lleno a formarse en la danza: bailar, dice, “fue un respiro de belleza”. Lo había descubierto meses antes del accidente, durante un viaje a Brasil que hizo con Oscar. Después del 31 de agosto se encontró en una clase de la facultad y se preguntó si quería eso para su vida. “Este tipo de experiencias te hacen replantearte todo, a pesar de lo violento de la situación, también te replanteás cosas en el buen sentido”. Se mudó con su pareja a San Marcos Sierra, donde nació la hija de ambos, hasta que en 2010 llegaron a Lobos. Su mamá —a cargo de un emprendimiento de cabañas en la Laguna— y su hermano —contador— ya estaban acá.  Volvió a estar cerca de su familia, ahora expandida. Como vecina de la Laguna encontró algo de lo que la encantó en Córdoba.

 

La naturaleza, dice, la ayudó a entender los ciclos vitales. La vida. La muerte. Y, sobre todo, la transformación.

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