Ironman nació en Lobos, se llama Ezequiel Morales


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Lo eligieron 11 años consecutivos mejor deportista de nuestra ciudad. Hoy vive en Brasil donde se consagró en el triatlón mientras su hijo es estrella de telenovela. Qué parte de Lobos elige mostrarle con orgullo a los brasileños. 

 

Niteroi, única ciudad brasilera fundada por un indígena, alberga medio millón de almas, de las cuales solo una es lobense. Hace más de una década, Ezequiel Morales, el deportista más premiado de nuestra ciudad, llegó sólo con su bolsito. Atrás quedaban sus tardes entrenando en el parque de Lobos y la comida casera de mamá Susana -“la preparo todas con ingredientes de mi propia huerta”, aclara la madre-. Ezequiel se llevó un montón de recuerdos de la ciudad pero muy poco en el bolsillo: “Las primeras sillas que tuve en mi casa de Brasil”, recuerda Morales sin timidez, “las agarré de la calle”.

 

Morales, de remera celeste a punto de largar la primera carrera de su vida, hace 30 años

 

De Niteroi disfruta su clima, “nunca tuvimos menos de 12 grados”, su geografía de playas y morros y “las posibilidades que da una gran ciudad” (aunque para Brasil, Niteroi es un poroto, el país tiene 200 ciudades más grandes). En realidad, el principal motivo por el cual Morales adoptó domicilio brasuca fue para poder vivir de su pasión: el triatlón.

 

En el 2004 y Ezequiel ya había ganado todo lo que se podía ganar en Argentina. Campeón nacional; ganaba las carreras más importantes, todos los desafíos, todas las copas, pero de plata, casi nada. Y fue en la tierra verdeamarela donde pudo encontrar el apoyo de sponsors y los premios en metálico que le permitirán dedicarse las 24 horas al triatlón.

 

Morales ganando el triatlón más importante de Argentina: La Paz

 

Es un deporte nuevo –tiene menos de cuatro décadas-, y consiste en nadar, pedalear y correr; obviamente, lo más rápido posible. A esto hay que sumarle que Morales se especializó en la distancia Ironman, que proponen 3800 metros de natación, 180 kilómetros de ciclismo y una maratón a pie (42.198m); o sea que con 24 horas alcanza con lo justo para entrenar todo. El Ironmán es la mayor distancia en la que se practica el triatlón. Hay otras distancias menores como el medio Iroman, el olímpico y el sprint (que son aproximadamente la mitad, la cuarta parte y la octava parte de un Ironman). Para tener una idea, los mejores del mundo, con todo el viento a favor, logran hacer un Ironman en poco menos de 8 horas; al resto de los amateurs, puede llevarles, completar la prueba, hasta 17 horas.

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Morales no se mudó solo a casi tres mil kilómetros de Lobos para poder hacer del triatlón su profesión. En realidad Morales no se fue apenas con el bolsito, sino también con Soledad Omar, su esposa. “Yo había clasificado para los Juegos Panamericanos en Santo Domingo”, recuerda Soledad “y mi jefe no me dejaba faltar al trabajo”. Así que ese patrón poco tolerante con las ausencias, también ayudó a empujarlos a Brasil. Morales y Omar empezaron a competir en portugués sin saber que esa aventura les llevaría más de una década y terminarían teniendo juntos un hijo brasilero: Philipe. Menos aún imaginaban que ese hijo a los 6 meses de vida firmaría un contrato con O Globo (el segundo canal de televisión más grande del mundo), para actuar en una novela. Sí, como leen; pero para llegar a eso falta contar algunas aventuras más de Morales en el Brasil.

 

“Al principio ni heladera teníamos”, reconoce el triatleta. En una tierra donde el verano llega a pasar los cuarenta grados, no es un dato menor. “Después nos prestaron una de hotel, de esas chiquitas”, repasa Morales.

 

 

Allí donde faltaban cubeteras, sobraba entrenamiento. Morales demostró que no se había mudado para tomar sol en la playa y empezó a ganar como en Argentina. Los éxitos ayudaron a la economía hogareña, “la verdad es que con la plata del premio de la carrera del domingo” recuerda Soledad, su esposa “el lunes íbamos al supermercado”. Hasta que en el 2006, la realidad lo chocó.

 

Con la plata de la carrera del domingo, el lunes íbamos al supermercado

 

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En verdad más que la realidad, fue un camión. “Para ser exactos, no me chocó el camión a mí”, puntualiza Morales “¡yo choqué al camión!”. Mientras entrenaba en bicicleta, perdió el control del rodado, cruzó el carril de la ruta y chocó un camión. Terminó tirado sobre el asfalto mientras el camionero parado a su lado llamaba por teléfono y decía: “me acaba de chocar un ciclista”.

 

Se ganó un viaje gratis sin escalas al quirófano para operarse de una fractura expuesta de cadera. Y vio como se le iban 10 años de entrenamiento profesional. “Estaba en mi mejor momento”, reconoce Morales sobre aquel 2006, “a partir del choque tuve que volver a entrenar desde cero”.

 

Corrió, nadó y pedaleó como nunca, sesiones de 46 kilómetros de corrida a pie, de 7 horas sobre la bicicleta o nadar 240 piletas fueron parte de su rutina, hasta que seis años más tarde, en el 2012, logró ganar el Ironman de Florianopolis. Que es el equivalente en el futbol a ganar la Copa Libertadores, lo más importante del subcontinente. Justo después de su mayor logro deportivo, Soledad quedó embarazada (quizás fruto de los festejos por el triunfo), de Philipe, el bebe actor. “Fue el momento donde pensamos si volver o no”, reconoce Morales. “Acá nos surgió la posibilidad de un préstamo para comprarnos un departamento, y en Argentina teníamos que empezar de cero”. Al final Philipe nació en Niteroi y terminó actuando para la pantalla de todo Brasil. “Pero también tiene documento argentino”, aclara Ezequiel.

 

La carrera como actor de su joven heredero duró cuatro temporadas en una de las novelas más vistas del momento “Pe en a cova”. Que significa algo así como: pie en la cueva, y su nombre se debe a que los protagonistas tienen una funeraria (sí, los argumentos son tan bizarros como en Argentina, los ganchos del prime time no respetan fronteras ni idiomas). “El contrato lo firmamos en Río de Janeiro”, recuerda Soledad “está a 40 kilómetros de casa pero ese día, como casi siempre, fue un caos el tránsito y con Philipe (que tenía 6 meses) tardamos 4 horas en llegar”.

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Philipe actuando en el canal O Globo

 

Sin embargo, no importan éxitos televisivos ni victorias deportivas, todos los años Ezequiel, Soledad y ahora, Philipe, vuelven a Lobos. Lo primero que hace Morales después de dejar el bolso en su casa, es darse una vuelta por el parque ingeniero Hiriart, ese reducto de naturaleza por donde tanto entrenó en su juventud. “Allá en Brasil a todos les cuento del parque municipal de Lobos”, se entusiasma Ezequiel “de lo lindo que es para entrenar, que todos los sábado hay carreras de ciclismo, les muestro fotos”. En cada regreso valora la tranquilidad de la ciudad y disfruta de tomar un helado en la plaza 1810.  “De Lobos lo único que no me gustan son los inviernos”, quizás por eso, casualmente, siempre cae de visitas para las fiestas.

 

Allá en Brasil a todos les cuento del parque municipal de Lobos

 

Por 11 años fue elegido como el mejor deportista de nuestra ciudad por los prestigiosos premios RadioDeportes ’76, de hecho en el 2016 le dieron la distinción por ser el más ganador en los 40 años de historia de ese galardón. En el año 2012 fue distinguido por el concejo deliberante como Figura Destacada del Deporte Lobense. “Yo no le doy bola a esas cosas… no es que no lo valoro, eh”, se ataja Ezequiel “pero no me parece que lo tenga que andar mostrando”.

 

Está en contacto con los lobenses todos los días, la tecnología lo informa de la ciudad como cuando vivía acá. “Vivir en Brasil no fue planificado, eso me ha hecho saber que no todo se planifica”. Por lo pronto, a Philipe le hablan en español, para que esté listo para una mudanza. “Andá  a saber si de acá a 10 años, terminamos de vuelta en Lobos”.

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