Guillermo Dinomo, Señor teatro: “Es más difícil hacer reír que hacer llorar”


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Dirigió 36 obras de teatro, la mayoría a sala llena. Fue chofer de micro, vendedor en supermercados y aviador. Trabaja de peluquero, e inició su carrera actoral en una gomería. “Menos de borracho y de amanerado, he hecho de casi todo”. Confesiones de nuestro mayor talento teatral que quiere hacer actuar al intendente.

 

El es Guillermo Dinomo, actor desde hace 43 años, lleva dirigidas 36 obras con un promedio de mil espectadores cada una. Pocos lobenses pueden decir que no lo conocen. Pero ahora está abajo del escenario y camina hacia el negocio de su primo –y compañero de teatro- Rubén Oscar “Coco” Ghiglione. El único cliente, apenas lo reconoce, exclama: “Ahí entró la porquería que el otro día en escena, a usted lo trató tan mal”. Coco queda sorprendido. Dinomo no conoce al cliente, pero se imagina que también fue a ver su obra “Los Linyeras”, donde hace del linyera malo y maltrata constantemente a Coco, el linyera bueno. Y entiende que son las reglas del juego. “Bueno, se ve que le llegó mi personaje”, se consuela Dinomo.

 

El teatro siempre está en su cabeza

“A 100 kilómetros a la redonda no hay un comediante vocacional como Guillermo, no lo encontrás”, afirma Coco Ghiglione, su eterno compañero de tablas. “Todos los grupos deberían tener un director como Guillermo. Tiene un genio fuerte, no le gustan las medias tintas. Guillermo está  en todos los detalles y justo antes de salir a escena en el estreno dice: Muchachos hasta acá llegué yo”. Eso sí: atrás de escena es más loco que arriba del escenario”.

 

En verdad, más que enojar, Dinomo ha hecho reír a miles de lobenses. “A mí me gustan los personajes serios. Pero la gente prefiere el humor”, reconoce, “es más difícil hacer reír que hacer llorar. Un golpe bajo y llorás, en cambio hacer reír está siempre al borde del ridículo.”

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Guillermo y el elenco de su próxima obra

 

Todo empezó en una gomería. Allá por el ’60, Genaro Dinomo (tío de Guillermo) impulsaba un elenco familiar donde ya destacaba su primo Coco. También había hermanos, cuñados, todos subían al escenario, después de desarmar el taller. Porque para armar la función había que despejar toda la gomería. Se invitaba a todos los vecinos, la entrada era libre y gratuita, se le daba el programa de la obra (en singular) donde al final de la hoja decía: “Léalo y páselo”. El presupuesto teatral no daba para una gran tirada.

 

Genaro fue el alma impulsora de todo ese elenco familiar por casi tres décadas. “¡Qué voluntad!”, recuerda Guillermo de su tío, “con 90 años, unos fríos terribles en invierno, la esposa no quería pero él iba igual, jamás faltaba a ensayar”. Con el tiempo las funciones se mudaron de la gomería familiar al escenario de la biblioteca Sarmiento, la puesta en escena fue creciendo en profesionalismo con el mismo amor por el teatro. Ese amor, y esa disciplina, la heredó Guillermo. A Genaro se lo recuerda como muy estricto: “yo soy peor aún”, admite Dinomo.

 

A mí me gustan los personajes serios. Pero la gente prefiere el humor

 

Era 1998 y Genaro le regala a su sobrino un libro viejo, ajado, mil veces leído: “Manual del director de Teatro”. Allí explica desde cómo vender las entradas hasta cómo dirigir veinte actores. Genaro tenía 91 años y le pide a Guillermo: “cuando yo no esté más, quiero que el teatro siga, quiero que lo continúes vos”. Al año siguiente, Genaro fallece. Desde ese momento se han presentado, de forma ininterrumpida, dos obras por año. Cada obra requiere de 40 a 60 ensayos, es decir entre 4 y 6 meses de preparación. Han llegado a incluir 18 actores pero Dinomo también ha dirigido una apenas con 6, “ahí tienen que ser todos experimentados”, explica “porque cada uno se lleva mucha letra”. Cuando dice que estricto no exagera, a cada ensayo lleva todo programado como avanzar con la obra y ante dos faltas injustificadas de un actor no duda: “queda afuera, es una falta de respeto a todos, me hace perder tiempo a mí y al resto y la gente que cumple se cansa”.

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Guillermo y el libro de Genaro

 

 

El hombre de los mil papeles, y de los mil oficios

 

“Menos de borracho y de amanerado, he hecho de casi todo, incluso de mujer”, reconoce Dinomo “pero me gustaría hacerlos, son personajes lindos para explotarlos”. En la vida real también tuvo muchos “papeles”. Fue gomero, chofer de micro de turismo, vendedor de repuestos, obrero en la fábrica de Electromac “dos veces, con y sin los alemanes, fue muy distinto”, reconoce, también piloto de avión, vendedor en un supermercado “y ahí empecé a viajar para estudiar peluquero”, la cual sería su oficio, queremos creer, definitivo. “Desde chico me gustaba cuando iba a la peluquería, el ambiente tranquilo”, tanto es así que salía del supermercado y se iba a capital para aprender el arte de las tijeras. “Gran parte del teatro lo puedo hacer por la libertad que me da la peluquería”.

 

Peluquero de profesión, actor de vocación

 

 

El teatro y la política                                 

 

“Daniel Zabalo (concejal) ya actuó con nosotros, pero me parece que Etcheverri (actual intendente) sería bueno para subir al escenario, me gustaría dirigirlo, hasta tengo en mente un personaje para él.”

 

 

El teatro y el amor

 

“Hay obras que incluso generan celos, pero hay que saber dividir las aguas.” ¿Ser actor ayuda a levantar? “No es mi caso; pero ha pasado, hay una exposición distinta.”

 

 

El teatro y la vida

 

“En la vida real yo soy muy renegado, y tímido también. A veces la gente me pregunta: ¿por qué anda tan serio? es que yo no soy como arriba del escenario.”

 

“Me gustaría actuar hasta siempre, esto no tiene nunca fin, al menos hasta que Dios diga basta.”

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