Guardianes de la Bahía


Los guardianes vigilando la Bahía
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Conocen como nadie los secretos de la laguna de Lobos, están curtidos por el sol y piropeados por las mujeres. Cuidan a miles de personas por fin de semana. ¿Quiénes son los guardavidas de la Bahía de Lobos que llevan siete años sin ninguna víctima?

 

“¡Aflojale al silbato, aflojale al silbato! Me gritan. ‘¿Y qué querés que haga?’, les digo. ‘¿Que te toque el violín?’”, Horacio Pedalino es el guardavida a cargo de los 2.000 metros de costa que el camping Bahía de los Lobos tiene sobre la laguna. “El silbato es mi herramienta de trabajo”, explica,“casi te diría que es mi arma”. Y clava la mirada en el horizonte recto de la laguna. Una mirada capaz de, no diríamos “ver bajo el barro”, pero sí bajo el agua marrón de nuestra laguna. Por algo él es: el guardián de la Bahía.

 

 

No es el único. Maximiliano Carranza, Maxi para los amigos y los de pronunciación haragana, es el otro guardián de la Bahía. Maxi sí ve bien a través del agua, pero porque vigila la pileta de natación a metros de la laguna. “Todos los años, uno o dos nenes tengo que sacar de la pileta, se pasan a lo hondo y se asustan”, esgrime Maxi para desmentir a quien postule que en la pileta no hay peligro, aventuras y suspenso. “Pero como guardavida nunca tuve la suerte, entre comillas, de hacer un rescate completo”, se sincera mientras observa de lejos a Pedalino subido a su torreta de madera blanca. El torpedo a sus pies, alerta, como olfateando con su punta naranja el riesgo latente; deseoso de acción. Maxi lo ve desde la pileta, pero sabe que su tarea está acá, junto a los más pequeños. Sabe que él también es un Guardián de la Bahía. Aunque sea, de la pileta de la Bahía.

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Maxi Carranza y sus lentes especiales para ver debajo del agua

 

Pedalino tiene su casa en Empalme Lobos, a 23 kilómetros de la Bahía. Según él: una buena distancia para ir en bicicleta. O sea, 46 km por día. “Y, soy Pedalino: pedaleo, hago honor a mí apellido”, simplifica son absoluta lógica “si fuese Motolino, sería mejor, pero me mata mi apellido”, y larga una risotada que intenta convencer que la ocurrencia fue casual, fruto de la musa del humor, la musaraña. “Me encanta las bicicletas, tengo cuatro: una semicarrera, otra mountan bike, otra de paseo, otra que le agarro a mi hija”. Y se dice que está tramitando una biciacuática para acelerar los rescates.

 

Pedalino olfateando el peligro

 

¿Quién no soñó algún verano –mientras se quemaba las patas en la arena-, con ser el guardavida? Ser mirado y deseado por todas las chicas, incluso también por algunos chicos. Pero a Maxi también se le cumple el sueño, dos semanas por verano. Cuando Pedalino se toma vacaciones, Carranza lo cubre. “¿Si me tiro me salvás? ¿Me puedo ahogar acá?, me suelen decir las chicas”, reproduce Maxi de sus temporadas costeras. Pero también se reconoce esposo fiel y padre ejemplar. Pedalino es más tajante “tengo 59, a esta edad no persigo más minas, soy como Ricky Martin”.

 

Maxi mirando a Pedalino, desde lejos

 

Mientras las bikinis y los bronceadores pasan frente a sus ojos, el hombre del pedal, reconoce que tiene otra pasión en el agua: el buceo. Mar del Plata, Córdoba, San Luis, Las Grutas (RN), Galápagos, todos sitios donde se ha zambullido con patas de rana. “Y ahora quiero ir a Egipto”, proyecta. Con el título de buzo de rescate, lamenta que en la laguna de Lobos la visibilidad submarina sea de uno a dos centímetros. De lo poco que se ve, hasta los peces se chocan. No sería raro algún día, que un pescador saque una tararira llena de chichones.

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Los guardianes vigilando la Bahía

 

Pero volviendo a la imagen de bañadores ceñidos al cuerpo y músculos torneados. Le preguntamos a los que saben: ¿Cuánta invento había en la televisión en la serie de guardavidas por excelencia: BayWacht?

 

-Los pedidos de auxilio y las entradas al mar eran realistas- confiesa Maxi.

 

-No tanto, cuando uno se ahogaba empezaba la música de Tiburón- recuerda Pedalino – y acá, jua jua, nunca escuché ninguna musiquita.

 

Sin pestañear ante el humor de su compañero, Carranza alerta que “las maniobras de rehabilitación si las hacían muy mal; y eso es un pésimo ejemplo para el público”. Pedalino asiente serio y agrega “es verdad, pero cuando aparecía Pamela Anderson todo eso dejaba de tener importancia”.

 

Guardianes al rescate

 

Carranza , en verdad, se toma muy en serio la difusión en la población de la Reanimación CardioPulmonar (RCP) y la liberación de obstrucciones (de hecho las enseña a todos los clientes de su gimnasio). Lo vivió en carne propia. En un cumpleaños, su hija se atragantó durante la comida, se puso azul. Un adulto la vio y actuó de inmediato con la maniobra adecuada. Maxi se enteró dos minutos después y no le alcanzaban las palabras para agradecerle al extraño. Recién al final del día se enteró que el salvador de su hija, también era guardavida.

 

El sol ya se apoya sobre el campo, la superficie de la laguna empieza a brillar con los últimos rayos. “Mi lugar ideal para trabajar es acá. Amo la laguna”, sentencia Maxi. “Tengo una casa a 200 metros de la Bahía. Vengo desde que tengo uso de razón. Aprendí a navegar en Óptimis a los 8 años con Raquel Brahim, en windsurf a los 14, en kayak a los 16; y ahora de grande me estoy cagando a golpes con el kitesurf”, detalla, moretoneado pero feliz. Pedalino nació en Lobos, aunque su trabajo de profesor de educación física lo llevó a vivir en Quilmes. “Pero jamás, durante 30 años, dejé de venir un fin de semana a Lobos”, expone como un carnet de buen lobense “y el año que viene me jubilo y ya me vuelvo para siempre”. Mientras el sol se va, ellos se quedan, sin apuro, se los ve como pez en la Bahía.

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Las figuras del verano: Los Guardianes de la Bahía

 

Aman lo que hacen, las mujeres los piropean, y ADN Lobos los entrevista; se saben en un lugar de privilegio. Y esperan seguir por muchos años más. “Mientras esté capacitado, espero seguir siempre acá”, afirma Maxi. “Hasta los 70 seguro”, concreta Pedalino “es que mirame: estoy muy bien”, remata y se mira a sí mismo: como para comprobar que sigue estando bien.

 

Veraneante cauteloso, niño piletero, muchacha seductora, disfruten de la laguna de Lobos sin temores, cuando el peligro llegue, entrarán en acción: los Guardianes de la Bahía. Al menos, hasta que llegue Pamela Anderson y les robe la atención.

 

Cobertura fotográfica: Fer Sambade – Espacio Mirar!

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