Destino de campeonas


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Una ajedrecista sordomuda que triunfa en los Intercolegiales. Una atleta que viaja desde el campo para descubrir el mar. Y una ciclista que ya es promesa olímpica. Tres historias para volver a creer en el deporte lobense.

 

¿Usted se acuerda cuando le sacaron las rueditas a su bicicleta? Es un hito tan importante en el desarrollo humano como perder el primer diente, perder la plata para los mandados o perder la virginidad. “Me acuerdo perfectamente”, cuenta una nena de 15 años y es un dato clave en esta historia. “Le insistí mucho a papá que las sacara, yo tenía 3 años”. Mmm, demasiado chiquita para recordarlo… pero no es una nena común, tiene una relación con la bicicleta que la hace única.

 

“Me caí mil veces, me salió sangre, pero nunca fui de llorar; y al final aprendí”. Y vaya si aprendió, 3 años más tarde se consagraba campeona provincial de ciclismo, con 6 años. A partir de ahí ganó todo lo que alguien puede ganar, pero todo. Ya le contaremos el resto de la historia de Valentina Luna, la mayor promesa ciclista que tiene la Argentina  y es de Lobos. Pero ahora vamos a presentarles a otras dos joyas del deporte lobense y descubrir que las une.

 

Valentina Luna, sonriente porque ya anda sin rueditas

 

Para entrevistar a la segunda protagonista se necesita un intérprete que mueva las manos de forma extraña, envuelta en un silencio palpitante. Marilyn Rosales, también de 15 años, es sordomuda y, en su edad, es la mejor jugadora de ajedrez de Lobos. Así lo demostró en los torneos intercolegiales que organizó el municipio, por primera vez en muchos años, en 2016 y donde le ganó a chicos de todas las escuelas convencionales. No solo era la única sordamuda, también fue la mejor jugadora.

 

Emanuel “Mikito” Martínez, su profesor de ajedrez, aprendió los nombres de todas las piezas en lengua de señas y la entrena una vez por semana, dos cuando la competencia está cerca, y le da ejercicios para cuando está sola, en resumen: le transmite todo lo que sabe. “Ha madurado mucho en su nivel de juego”, explica Martínez “y demuestra una capacidad de concentración que le potencia todo el resto de sus virtudes”.

 

Marilyn Rosales, el descubrimiento del ajedrez

 

Poner comillas de textuales en las palabras de Marilyn sería algo extraño, pero con sus manos, y su sonrisa, ella cuenta: que disfruta muchísimo el ajedrez, que le permitió conocer otras chicas, incluso, a su forma, pudo charlar con ellas, que también gracias ese tablero con 32 piezas y su capacidad de juego, puedo clasificar a los Torneos Juveniles Bonaerenses (TJB), donde conoció Mar de Plata, y no sólo brilló con su juego, sino que la felicitaron por tan buena actuación contra chicos convencionales y luego de eso se paseó por toda la ciudad.

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Vamos uniendo puntas, ambas chicas de 15 años, ambas representaron a Lobos en la final de los TJB, las dos viven su deporte con pasión. Pero aún falta alguien más.

 

“Nunca había visto el mar”, cuenta con los ojos tímidos pero muy abiertos Sofía Cuenca “no era como me imaginaba, esa conexión entre cielo y mar es increíble, es lo más!”. Sí, Sofía –que vive en el paraje La Porteña–, conoció ese horizonte infinito al llegar a la final de Mar de Plata, luego de una holliwoodense carrera de 300 metros que le dio la clasificación. Y adivinen, sí, también tiene 15 años, también es de Lobos y también vive el deporte con pasión. Algo sucede en Lobos, ¿qué es?

 

Sofía Cuenca en la final en Mar del Plata

 

En los últimos tres años, pasaron de inscribirse 300 chicos en los TJB a 2.400, ¿Será que nuestra población se multiplicó por 8? No pareciera. Más tiene que ver que en el mismo tiempo las escuelitas municipales de deporte que pasaron de 5 a 19, y en una de ellas en atletismo se formó Sofía. “Venir a la pista me encanta, entrenar en La Porteña es demasiado solitario”.

 

Sofía, junto con sus dos hermanos, Agustina y Juan, viajan a esa pista a 15 kilómetros de su casa y es una de las mejores de la región. El encargado de llevarlos, esperarlos las casi dos horas que puede llevar el entrenamiento, y luego regresarlos a su casa es Luis, su padre, Luis Cuenca.

 

“Le hace bien el deporte para no estar encerrados en el campo”, explica Luis, oriundo de Corrientes “que anden, que viajen, sino van a pensar que son muy campesinas”.

 

Sofía Cuenca una atleta que levanta vuelo.

 

Y Sofía no solo fue a Mar del Plata, sino que antes conoció Azul. ¿Se acuerdan que prometimos una carrera que parece inspirada en Hollywood? Bueno, fue ahí. Sofía llegaba después de clasificar en 100 y 300 metros como la mejor lobense, pero tenía que elegir una sola prueba. “Yo me tenía más fe en 100 metros”, confiesa. Pero su delegado, Marcelo Balaza, en base a sus tiempos, le aconsejó correr los 300. Desde el inicio partió en punta, a toda velocidad, pero otra chica se le mantenía a la par. Metro a metro, con el físico al límite, ninguna lograba diez centímetros de ventaja. La línea de llegada se acercaba, y en los 5 metros finales, su contrincante falla la última zancada y se derrumba al suelo. Sofía mantiene el pulso y gana la carrera, y el viaje a Mar del Plata. “No podía ni respirar pero me largué a llorar de la emoción”, recuerda Sofía “nunca antes había tenido esa sensación, fue pura felicidad”.

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Luis Cuenca lleva y trae a Sofía y sus hermanos de la pista a La Porteña. Daniel Luna acompaña en cada pedaleada a Valentina. Orgulloso papá de su hija ciclista, él también tiene muchísimos kilómetros sobre dos ruedas. “Entrené y competí durante 25 años”, detalla “hasta que me bajé de la bici; porque mi tiempo ahora es para ella”. Parte de ese tiempo se va en viajar una o dos veces por semana hasta el circuito KDT de Capital Federal. Allí la entrena Sebastián Donadio, según dicen, el mejor entrenador del país. “Nos ayuda mucho para viajar el Programa Talentos Deportivos del municipio”, afirma Luna “antes las ayudas eran esporádicas, ahora podemos planificar a largo plazo con recursos regulares todos los meses”. Para ser parte de ese proyecto municipal, no solo debe ser talentoso, sino también presentar el proyecto de entrenamiento (para verificar que sea acorde a su edad) y el boletín de calificaciones de la escuela (para recordad que no todo es deporte en la vida).

 

Y también cuenta Luna que salen a la una de la tarde y vuelven después de las nueve de la noche. Para que Valentina gire como un demonio en una pista de 333 metros y unas curvas que dan vértigo. Ya sin rueditas y a más de 60 km/h (sí, sesenta kilómetros por hora), Valentina demuestra porque ganó: un campeonato provincial, dos campeonatos nacionales infanto-juveniles de pista, cinco campeonatos nacionales infanto-juveniles (en total fueron 30 carreras en 5 años, ganó 29), tres campeonatos argentino de ruta consecutivos y un campeonato argentino de pista… puf, todo eso.

 

Valentina en plena acción

 

Valentina también rescata Lobos como un gran lugar para entrenar, “tiene todo, un circuito en un parque hermoso, puente, ruta con banquina, muy pocas ciudades cuentan con todo eso”. Se podría pensar que con 15 años, de Lobos, también le gustaría la noche. “Mi prioridad no es salir, sino el ciclismo. No me da curiosidad ir al boliche, si quiero llegar a algo grande tengo que entrenar para eso”. Dentro de ese casco de alta velocidad, su cabeza está en otra cosa. “De chiquita mi sueño era llegar al Tour de Francia, pero ahora mi pasión es la pista y sueño con un Mundial”. Los que saben dicen que en realidad su próximo gran objetivo puede estar en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. De hecho sus marcas la acreditan para participar de los Juegos Olímpicos de la Juventud que se realizan este año en Buenos Aires, pero la Federación Internacional de Ciclismo se lo prohibió: ya tiene el nivel de las grandes, pero aún es demasiado chica. “Hubiera sido lindo ir, pero bueno, me da tiempo para seguir mejorando”, se consuela Valentina. ¿Seguir mejorando para qué? “Para ser la mejor del mundo, obvio”.

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Valentina Luna, es la mejor, y sueña en grande

 

Marilyn mueve sus manos, dibuja su sonrisa y con un silencio y una expresividad que lo dice todo,  cuenta: fui abanderada en deportes por el ajedrez, quiero jugar incluso después de los TJB, quiero jugar para siempre.

 

Con quince años ya descubrieron a través del deporte las alas que les permitan llegar tan lejos como sus sueños. Viven, entrenan y representan a una ciudad que ha crecido mucho en lo deportivo en estos años; y dejan claro que esto recién empieza.

 

Tres historias, tres chicas, Y una gran pasión.

 

 

 

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