Daniel Gerez, ex profesor estrella de Educación Física: “Fui el mejor, pero tampoco me la creí”


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Trabajó en todos los colegios de la ciudad durante 32 años. Hoy es un reconocido profesor por el formato relajado de sus clases y el toque clave. “Se acuerdan de mi por haber sido un profesor con onda”.  

 

 

“Ser profe de Educación Física no tiene casi nada negativo, excepto el sueldo y los jefes”. El que habla de su profesión es Daniel Gerez. A punto de cumplir 57 y con la verborragia que lo caracteriza, es el primero que se animó a las 15 Preguntas ADN.

 

Estuvo treinta y dos años en la docencia. Supo tener más de 1.200 alumnos en cada año, en todas las escuelas de la ciudad y un toque especial: el humor. En cada arranque pegaba el grito. “¡Hay que ponerle un poco de onda, muchachos!”.

 

Hace tres años que está jubilado y de aquellos días, tiene un cofre lleno de recuerdos. “Poquísimas veces tuve problemas que no se pudieran solucionar”, reflexiona y apuesta: “Siempre usé el diálogo mano a mano como método de resolución de conflictos”.

 

“Hace tres años que extraño estar con los chicos en clase”.

 

 

¿Por qué profesor de Educación Física?

Mirá, no voy a dar vueltas. Junto a un compañero del Comercial, una mañana nos quedamos pasmados con un cartel del Instituto de Formación de Las Heras que decía: ESTUDIE LA CARRERA DEL FUTURO. Ni lo pensé. Me anoté y entré. Así durante cuatro años. En tren. Salvo los días de paro, fue a comienzos de los 80, y cuando el tren pinchaba una rueda y, claro, no salía.

 

Pero, ¿hubo algo que te motivó aparte del anuncio? ¿Fuiste bañero o algo?

Primero: bañero no que a los del gremio no les gusta. Guardavidas va mejor. Sí, en la pileta del Aeroclub. Tenía pasta para enseñar. Todo: rol, pecho, espalda, mariposa, salvataje, buceo.

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¿Por qué los profes de Educación Física no son muy queridos por los de otras materias?

Somos amados y con la misma fuerza, odiados. Hay que decir que nos hacen al costadito. Pero bueno: no corregimos, recibimos el cariño de los chicos, vamos a los viajes, organizamos campeonatos. Todo positivo. Yo los atrapaba el lunes a las ocho: ¿Cómo fue el fin de semana? Una vez que te los ganaste, sos un campeón para toda la vida.

 

“El fútbol une, pero los otros deportes también enseñan”.

 

 

Con mil alumnos por año: ¿Cómo hacías para acordarte los nombre de todos?

Y… es mucho. Mi latiguillo siempre fue así, sin ponerle la N: Mostruo. ¿Qué hacé’, mostruo? A la chicas, cuando tuve grupos de mujeres, les decía mamita, pero no de forma despectiva. Es más conveniente que los que usan muchas profes como (pone voz aguda) ‘nena’ o ‘chiquita’. Así no. ‘Nena, corré para acá. Nena andá para allá’.

 

¿Dan clases distintas las profes?

Las profes dan distinto, sí. A los hombres nos gusta correr detrás de las pelotas: handball, vóley, softball, fútbol. Ellas, antes y ahora no tanto, eran más de las coreos con cintas o solo vóley o cesto. Las pibas, a determinada edad, son más pasivas y no les gusta tanto. Eso hace que se planifique distinto. A los tipos algo con la pelotita y chau.

 

¿Eras del profesor tipo régimen militar?

Para nada. Eso sí, yo exigía y ellos me respondían. Siempre había algún rebelde que no quería correr y negociábamos. Muchos, músicos hoy, me decían: ¡Daniel, no me hinches más! Pero jamás fui de esa clase de profesor. Lo militar quedó obsoleto allá por los 80. Además, ¿para qué? ¿para que te odien? Yo nunca tomé el test de Cooper.

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¿Es verdad que no ponías muchos 10 de calificación: ¿Por qué?

Siempre dije lo que me enseñó un viejo profesor de Las Heras. “El 10 es para Dios. El 9 para mí que les doy la mejor materia del mundo. De 8 para abajo, ustedes. De todas formas, nunca fui severo con las notas.

 

Daniel hizo más de 100 viajes recreativos.

 

¿Alguna vez un alumno o alumna te tiró onda?

No, callate. Desde que abrí el “feis” me entero que cuando yo tenía veinti-tantos unas alumnas de Roque Pérez, se quedaban en el alambrado y cuando yo pasaba decían bajito, ‘qué lindos ojos tiene el profe’. El problema es que ahora no me dicen nada. Apenas unos Me Gusta.

 

¿Eras bueno dando arengas en los torneos intercolegiales?

No arengador así a los gritos. Sí, antes de entrar a la competencia les decía: “Ahora salgan a divertirse. Lo que tenemos que hacer es un gol más que el otro. Pasado mañana nadie se acuerda de esto. Así que hagamos lo posible para que esto nos sirva para entretenernos. ¡Dale, vamo’!

 

¿En qué cosas eras el mejor en tu enseñanza?

Cuando se enfrentaban equipos entre colegios y era yo el profesor, armaba lo que en rugby se le dice el tercer tiempo. Ahí rescataba lo positivo. “Perdiste, pero te felicito igual. Porque hay que saber perder. Representaron a su escuela y no se fueron de mambo.

 

¿Alguna vez alguien desaprobó tu materia?

Pocos, muy pocos. Pero era porque ninguneaban a la materia y no iban nunca. He sacado de raje a muchas madres y sus quejas. “Usted no lo quiere a mi hijo”. “Pero cómo lo voy a querer si no lo vi en todo el año, señora”. Si su hijo no practicó ni respondió la parte teórica, no repite porque se lleva Ed. Física solamente. También se llevó Historia y Matemáticas. Que venga en febrero.

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¿Eras un profe con onda?

Calculo que sí. Cuando fumaba, hubo años en que se quedaban el 100%, de los alumnos y la mitad fumaba. Y nos tirábamos en el pasto y conversábamos de cualquier cosa. Eso a los 25, pero ya con 50 y sin seguir fumando, nos quedábamos charlando de la vida. Hoy los cruzo y me saludan y eso me emociona, loco.

 

¿Qué es lo que más te recuerdan los que te cruzan?

En cómo me volvía lleno de cobranzas de apuestas. Yo soy de River y siempre le apostaba a los bosteros. Eso sí, plata nunca, pero sí Coca Colas y alfajores. Y me he vuelto con el bolso con un stock como para quince días. Ellos querían por plata y yo les decía: “Esto es un colegio, hermano. No es un casino. Pero si no decís nada: un alfajor o chocolate o Coca, garpa igual. Ah y sabé que las apuestas se pagan y no hay tu tía”. Imaginate: con guita de por medio, hubiera sido un viva la pepa.

 

De 1 a 10. Calificate como profesor.

Un 10. En serio lo digo. Ojo: yo fui el mejor, pero tampoco me la creía.

 

Hoy, muchos de sus alumnos lo siguen por Facebook. “Todavía se acuerdan de mí”.

 

Cobertura fotográfica: Fer Sambade / Espacio Mirar!

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