Christopher Aquino: el Usain Bolt lobense


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Ganó la medalla de oro en los cien metros de los Torneos Juveniles Bonaerense y quebró un récord de 23 años, ¿por qué en su casa no esperaban nada de él y qué tuvieron que hacer para que pueda largar la final? Un atleta desconocido que ya entró a la historia lobense.

 

 

Tras ganar este año todas las medallas posibles –en el mundial de atletismo de Londres-, se retiró el mayor velocista de todos los tiempos: Usain Bolt. En Lobos no tenemos que extrañarlo, sobre la pista de atletismo de ADAL ha nacido el Bolt local: Christopher Aquino.

 

Para ser más exactos Christopher es nacido en Santo Domingo (República Dominicana), la primera capital de América, el 26 de Julio de 2001. Vivió 7 años en la isla hasta que su familia hizo un cambio de domicilio radical y se mudó a Elvira (Lobos). En Santo Domingo, jugaba al básquet y al béisbol, en Elvira aprendió a darle de comer a los animales y a andar a caballo, “eso me gustó, no es difícil”, relata Christopher “pero no había mucho más para hacer ni a donde ir”. Por suerte para él, el aburrimiento no duró mucho y al año se mudaron a la ciudad de Lobos.

Aquino ya se siente un lobense más. Le gusta ir al parque con los amigos o a la plaza a tomar un helado. Pero sabe que su piel es color ébano, casi única en la ciudad. “Me han dicho de todo, cosas lindas y cosas feas”, reconoce con la misma pasividad que contaba que era el más rápido de todos. “Los que me dicen cosas feas no los escucho, creo que son ignorantes que no han salido nunca”, analiza Christopher “afuera en mundo hay gente de todos los colores”. Pero también muchas veces le han elogiado el color de piel y confiesa que varias chicas le han dicho: “negrito lindo”.

 

Su nacimiento como atleta fue en la pista de Lobos

 

En Lobos llegó su segundo nacimiento, pero como atleta. Años atrás, la argentinidad ya le había cambiado el beisbol por el fútbol, hasta se había hecho hincha de River, y en la cancha todo les decían lo mismo: “sos rapidísimo”. Hasta que empezó la secundaria y una sabia maestra le dijo que fuera a la escuela de atletismo, era su don. “Era el más rápido de la escuela”, recuerda Christopher con la mirada gacha, sin darle mérito.

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En la pista de ADAL, entrenado por Diego Salas y Marcelo Balaza, Aquino se encontró en su hábitat. Sobre ese humilde óvalo blanco, Christopher practicó cientos de partidas, miles de rectas, para pulir la velocidad natural que ya tiene en su cuerpo. Muchas veces era el único en la pista, eso no era la multitud del fútbol “pero yo elegí el atletismo” explica “porque me gusta mejorar individualmente”.

 

Era el más rápido de la escuela

 

Tanto mejoró, que ganó competencias locales, regionales y a máxima velocidad llegó a la final de los Torneos Juveniles Bonaerenses, la competencia más importante de la provincia. A cientos de kilómetros de su hogar, sobre una de las pistas más importantes del país, en Mar del Plata, Christopher no se demoró comprando alfajores o comiendo cazuela de marisco, corrió más rápido que todos. E hizo historia.

 

Ganó la medalla de oro en la prueba reina de la velocidad, los 100 metros llanos. Ganó primero las semifinales con 11,27” y bastante viento a favor, y luego ganó la final, con contundencia y la misma marca, 11,27”, pero esta vez con mucho viento en contra. Y esta marca rompió el récord lobense de los 100 metros, no sólo de su categoría sino de todas las edades, ¡por casi medio segundo! Sin embargo, en esa distancia, es una enormidad. Por si fuera poco, esa marca y a esa edad (poco más de 16 años) le dan una proyección como velocista del mejor nivel.

 

Christopher ganando en Mar del Plata. Foto: Gentileza El Autógrafo

 

Matías Robledo, actual tetra campeón nacional de 100 metros e invencible en la distancia desde hace 4 años, lo describió así: “Christopher voló”, afirma Robledo “yo con esa edad estaba en 11,30”, pero la marca de él vale más”.

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¿Por qué vale más? Lo explica Diego Salas: “Christopher corrió con mucho viento en contra, esa misma carrera con algo de viento a favor lo posiciona en 11,10”, quizás 11,00””. Estamos discutiendo una o dos centésimas, pero esto es como en el fútbol una diferencia de uno o dos goles, muchísimo.

 

 

Y no nos olvidemos del ranking. La marca que quebró Aquino llevaba imbatible ¡casi 23 años! Christopher aún no existía cuando el polideportista Damián Lías clavaba el cronómetro (también en los Torneos Juveniles Bonaerenses) en 11,7” un 7 de noviembre de 1994. Ya lo había vaticinado Lías en su época de gloria: “Aún no ha nacido el hombre que pueda romper mi marca”. Y así era, pero ya nació y ahora le llaman el Bolt lobense.

 

El ranking lobense de velocidad es de lo más antiguo de nuestro atletismo, recolecta marcas desde el ’38, año en que se inaugura una pista reglamentaria en el parque local. En el torneo inaugural Carlos Jaureguibehere marcaba 12’80”, con menos de 18 años. Es que la velocidad en Lobos siempre estuvo comandada por los chicos, incluso la tercer marca más veloz actual también la hizo en su momento un pibe, Claudio Riscino marcó 11’8” con menos de 23 años allá por el ’88. Lobos nunca ha tenido un velocista de categoría mayor que se destaque. ¿Será Christopher el elegido?

 

“Las chicas me dicen: negrito lindo”

 

Antes de soñar con el futuro, volvamos a la carrera que torció esta historia. “Había estado muy nervioso en la previa”, cuenta Marcelo Balaza que acompañó al equipo como delegado de atletismo “hasta llegó a tener ataques de pánico”. Era la primera gran final en la que participaba Aquino. “Pero trabajábamos la parte psicológica, no dimos entrevistas a la prensa y hasta le hicimos masajes precompetitivos”, confiesa Balaza la exitosa estrategia. Hasta Santiago Satostegui (14) que fue compañero de habitación, participó de la preparación “yo lo cuidaba para que no saliera de noche”, confiesa el pequeño fondista “si no lo tenía que ir a buscar a la pieza de las chicas”.

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“El día anterior a al final me sentí lento”, recuerda Christopher; está claro que no es la mejor sensación para un velocista. “Pero en la final sólo miré para adelante”, tuvo una buena partida y en cada zancada aumentó la diferencia, “me iba sintiendo bien”, reconoce, hasta qué ganó por 12 centésimas de diferencia, como contamos arriba, una enormidad: son casi dos metros que le sacó al segundo atleta. Y se llevó la gloria.

 

De la plaza de Lobos a la cima del atletismo provincial

 

“Esto me motiva mucho para mejorar”, cuenta el flamante campeón bonaerense “quiero seguir buscando mejores resultados”. Confiesa que nadie esperaba tan buen resultado: “En mi casa todos están muy felices”, sonríe Christopher y muestra los dientes blancos de oreja a oreja.

 

La medalla dorada con cinta verde fluor cuelga de su cuello y resalta contra el pecho oscuro. Como le resalta la sonrisa cuando en la plaza 1810 -mientras posa para la sesión de fotos-, un grupo de chicas le viene a pedir una foto. “La medalla algo ayuda con las chicas”, se desliga mirando el piso. Su cuerpo imponente para la edad transporta a un chico tímido, de perfil bajo y pocas palabras. En la época que la gente “habla” a través de un pantalla, su frase de perfil en whatsapp habla por él: “Los limites están en tu mente, la fuerza en tu corazón”.

 

Nota escrita en colaboración con Miguel A. Schiel

Fotos: Espacio Mirar – Fernando Sambade (excepto aclaración)

 

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