Basura con final feliz


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A diario los lobenses generamos 25 toneladas de basura y aparecen 9 micro basurales por semana. Cómo el municipio transformó un drama en una oportunidad.

 

Todos los días de nuestras vidas, el equipo de recolección de Lobos recoge el equivalente a una ballena franca austral, en basura. Lobos produce 25 toneladas de residuos. Y como justo son 25 recolectores: se podría decir, que cada uno levanta, al día, una tonelada al hombro. Es nuestra ballena diaria de basura.

 

Cada lobense genera casi 230 kilos de desperdicios al año. Más allá de los números: ¿debajo de que alfombra se esconden? Desde que se deja la bolsita sobre  el canasto, los residuos emprenden un viaje. De esos 25 muchachos, 18 son “coleros”: los que van detrás del camión juntado las bolsas y recorren 30 kilómetros a diario para juntar la basura en Lobos.

 

Ya en la Planta de Residuos Sólidos Urbanos, más conocida como la planta recicladora, empieza la fiesta. Se abren las bolsas cual piñatas de confites y su contenido pasar por un tromel, un rulero gigante de 6 metros de largo por 1,5 de diámetro que separa los residuos orgánicos de los reciclables. Lo orgánico sale por las paredes perforadas del cilindro y va a hacer compost. El material que permanece dentro se traslada luego por una cinta transportadora y se divide en 10 productos distintos. Varios tipos diferentes de plástico, otros de papel, metales, todo se recicla. “Pronto vamos a sumar seis categorías más para aumentar la cantidad reciclada”, se entusiasma Daniel Ferni, el encargado de la planta y destaca “en toda la provincia de Buenos Aires, es la única planta con un tromel”.

 

 

Cada camión recolector recorre 30 km en nuestra ciudad.

 

 

En la planta trabajan 22 empleados en distintos turnos desde las 6 de la mañana hasta la medianoche. Y detrás de esos números encontramos las historias que nos gustan en ADN.

 

“Nos emocionó como nos aplaudieron en el desfile [del día de Lobos], se pusieron todos de pie en el palco oficial”, recuerda henchida de orgullo Analía Quintana, una de las empleadas más antiguas de la planta recicladora de la ciudad. “Porque todos somos gente, ¿o no?”, dispara directo a los prejuicios, aprovechando el descanso de media mañana para tomar mate y la posibilidad de decir a un periodista su opinión. Cuenta que todos en la planta aún conservan su primer uniforme oficial y que luego de casi una década lo obtuvieron hace tres años. “El verde, con ese desfilamos, hasta Ferni, el encargado, se lo puso”, recuerda Analía y no deja dudas “a mí no me da vergüenza trabajar en la planta, si antes trabajé en el basural”. Se acerca a dar un mate y se le siente el olor frutal, a perfume, “ah, sí, es Nina”, aclara sobre la fragancia, “mi favorita; acá todas venimos bien perfumadas querido”.

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Es que la planta no parece un sitio donde se despanzurra la basura, sino más bien un lugar donde se aprovechan los recursos. “Para la gente es basura, para nosotros no”, sintetiza Ferni. Del total ingresado el 10% se recicla y se vende, lo cual es un porcentaje similar a otras plantas. El año pasado la planta generó más de medio millón de pesos en ventas. Está claro que no es solo basura.

 

Fue el año pasado que la planta generó casi 370 toneladas de material reciclable, ¿lo quieren en ballenas? Son unas 15. Nuestras 15 ballenas anuales de aporte a un mundo más limpio.

 

 

La planta recicladora redujo el impacto ambiental y hoy genera ganancias.

 

 

Aunque no hay que confundirse, no todo es basura o reciclables. “Robledo [otro de los empleados de la planta] encontró U$S 1.000 en una bolsa”, delata Nazareno Coronel, empleado en la cinta de separación “y se lo jugó todo en el bingo”. Lo que fácil viene, fácil se va.

 

También dan fe de que aparecen televisores, ventiladores (un par de estos están andando en la planta), hasta la salamandra que los cobija durante el mate en invierno la armaron con dos llantas grandes, todo se aprovecha. “Chocho” Lozano hace 8 años que trabaja en la planta y sabe el secreto de la basura, “¿qué chatarrero es pobre?” sintetiza de modo magistral.

 

Pero no nos olvidemos de Nazareno Coronel, que él tiene algo más para contar, su historia va más allá de un hallazgo casual entre las bolsas “hace 6 años se trabajaba complicado”, recuerda Coronel “pero desde el 2016 estoy contratado, ahora tengo obra social, vacaciones y gano 4 veces más, ahora encontré mi lugar”.

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Entre las chicas encontramos una historia que también ilusiona, Natalia Luzzi se suma a la charla “hoy cumplo 31 años, empecé con 26 y casi que no sigo”, reconoce Natalia “si con lo que ganaba apenas sacaba para el viaje hasta acá. Pero cuando pasé a planta empecé a ahorrar y con eso pude terminar la casa y comprar el auto; recién ahora tengo lo que me propuse”. Mirando más allá de la pila de bolsas, empezaron a aparecer las historias. Pero busquemos más allá. ¿Qué hay detrás de planta? ¿Quién alimenta esta fábrica sin chimeneas? ¿Cómo nos comportamos los lobenses con la basura?

 

“En Lobos se producen 9 microbasurales por semana”, detalla Victoria Basualdo, directora de Medio Ambiente de Lobos. ¿Serán lugares donde no hay recolección de residuos? “Esa es la problemática, se generan incluso en lugares donde el camión pasa día por medio” explica Basualdo y se preocupa “lo peor es que es una costumbre que va en aumento”.

 

Para ello se trabaja concientizando a los vecinos de todos los problemas que conlleva tener una montaña de basura a metros de su casa, pero además se prepara una estrategia mucho más profunda, un pelotón especializado de tomadores de conciencia ecológica, de 10 años.

 

Son los EcoDelegados, chicos y chicas que están en quinto grado de la primaria y son elegidos dos por curso, para capacitarlos mensualmente en problemáticas medioambientales. “Nos cuentan los padres que son los chicos los que les apagan las luces en sus casas”, marca Basualdo como un ejemplo más de como los chicos tienen injerencia en la gestión del hogar. Y no solo en su familia, porque los EcoDelegados, que son casi 50, van por todos los salones de su escuela charlando con los otros chicos, hablando en su mismo idioma, de cómo cuidar nuestro planeta.

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Los eco delegados en acción, plantaron 10 árboles en un día

 

 

Diez escuelas forman parte hoy del proyecto de EcoDelegados, pero pronto esperan ser más. “La respuesta es estupenda”, cuenta Basualdo “por ejemplo al terminar nuestra presentación a principio de año en el colegio Comercial y preguntar qué chicos querían cumplir la función: ¡toda la escuela levantó la mano!”. ¿Será que el cambio de nuestra conciencia ambiental será liderado por chicos de diez años? Por lo pronto están dejando su huella, en el parque municipal Ingeniero Hiriart, con motivo de su cien aniversario, plantaron diez especies de árboles para dar sombra, oxígeno y frescura no solo a su familia o a sus compañeros, sino a sus nietos dentro de 50 años. “Me siento muy bien por haber planta uno de los arboles que quedará para siempre en el parque”, cuenta Ramiro Lugo, del colegio Horizonte y Martina de la escuela 6 se suma explicando que “en casa yo junto las latitas y los papeles en la bolsita verde para sacarla los domingos”.

 

Si el parque cumplió cien años ofreciendo 17 hectáreas de eucaliptos, tilos, palmeras, paraísos y pinos, a los cuales este año se le van a sumar 100 ejemplares más, fue porque hace un siglo Ernesto Hiriart pensó en quienes aún no habían nacido. Es decir, sin conocernos pensó en nosotros. ¿Qué les estamos dejando a nuestros bisnietos? Depende hoy de cada uno; el próximo siglo depende del ahora. Y la planta recicladora de la ciudad, es una señal de que, lo último que se pierde es la esperanza.

 

 

El intendente Etcheverry, motor del cambio ecológico en la ciudad.

 

Cobertura fotográfica: Fernando Sambade / Espacio Mirar!

 

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