La comisionista que ya dio dos vueltas y media al mundo


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Ángela Malvestiti recorre más de 3 mil kilómetros al año como comisionista. Lleva 32 años en este trabajo y ya batió un récord a pie. De tanto andar, un par de zapatillas le dura diez meses.

 

 

 

Angelita Malvestiti, comisionista desde hace tres décadas, camina a diario catorce kilómetros. Nelly, su pedicura, le aseguró el mes pasado que todavía tiene los pies preparados para diez años más de recados en la calle. Pero ella prefiere ser más cauta y deslizar: “Quizá en 2018 diga basta a este trabajo”.

 

 

Dentro de poco va a cumplir 78 y, lleva 32 como comisionista. Tiene más de veinte clientes fijos en Salvador María a los que, por cuarenta pesos, les salva viajes a Lobos por simples pero tediosos papeleos. Desde 9.30 a 13.45, recorre la ciudad a paso firme. Es fácil toparse con su tranco parejo en consultorios médicos, en la Municipalidad, en las colas de los bancos, en las casas de repuestos, en farmacias, aseguradoras e inmobiliarias. Al mediodía, ordena sus papeles en algún banco de la plaza 1810 y antes de las catorce, espera el colectivo de regreso sentada sobre las ventanas contiguas a la galería Spinosa, en calle Perón. El expreso Lobos-Salvador María, en el que pasa ocho horas semanales, es también su oficina. “No es raro que desde mi asiento, al ir o volver, continúe tomando pedidos”.

 

 

Ya no colecciona boletos capicúas y con la SUBE para jubilados gasta 260 pesos mensuales. Con este oficio terrestre comenzó por  causalidad. El único en Salvador María que hacía comisiones a Lobos se jubiló en 1986 y no había nadie que se dedique a ese trabajo. Así que con 46 recién cumplidos, Angelita volvió a aquellos “trabajitos” que hizo con veinte cuando tejía para afuera. En la mesa del comedor de su casa, aletea ambas manos como barriendo migas en la mesa y rebobina. “Llevaba grandes bolsadas de lana e hilos: siempre me las arreglé así toda flacucha”.

 

 

Hormiga viajera. Angelita lleva recorridos más de 100 mil kilómetros.

 

 

 

La comisionista va

Angelita tiene un récord personal y es de tanto caminar. Ciento cuarenta cuadras por día —en Lobos cien y el resto en Sdor. María haciendo el reparto—, hace que en un mes la suma llegue a 300 kilómetros —igual distancia que de Lobos a Gualeguaychú—, por lo que en un año recorre 3.360 —los mismos que hay desde Tierra del Fuego a Salta. De esto resulta que en poco más de tres décadas lleve andados más de 104 mil kilómetros —lo equivalente a recorrer la Ruta 40 doscientas veces o dar dos vueltas y media a la tierra sobre la circunferencia del Ecuador. Y un par de zapatillas le dura diez meses.

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Una postal en movimiento. Los bancos de la 1810, parada de descanso.

 

 

 

Lalo Ratti, médico, conoce a Angelita porque hace veinticinco años que ella lleva comisiones a su consultorio. Siempre la llamó la Hormiguita Viajera. “Ella realiza uno de los servicios al público más antiguos, como es ser una mensajera entre la comunidad de Salvador María y Lobos”. Hugo Colombo, canillita, también habla del andar de Angelita. “Camina ligerito, agachada y no le mezquina a las pisadas, con frío, calor o lluvia: anda todo el día tranco y tranco para todos lados”.

 

 

Jamás pensé usar bici y menos, usar celular: ¡Me volvería loca!

 

 

Todo el mundo le pregunta por qué nunca decidió hacer su recorrido en bici y por qué no usa celular. “Siempre me preguntan lo mismo”, se queja con las manos como agarrando una caja invisible. De la primera, explica: “Tardaría el doble con los semáforos y me la pasaría atándola”. Sobre el uso de la telefonía móvil, es más contundente: “No puedo andar a doscientos por hora y hablando por el aparato”. Para dar por cerrado el tema, levanta la derecha y corta la mesa como con un hacha: “¡Me volvería loca!”.

 

 

No duerme siesta y después de tomar unos mates, termina de leer el diario Crónica y vestirse de entre casa, a eso de las 6 PM sale de nuevo para entregar las comisiones en Salvador María. Al finalizar cada día, sus pies recorrieron la misma distancia que de Lobos hay hasta el Club de Pesca en la Laguna de Lobos.

 

 

 

Angelita: garantía de confianza. Facturas, recetas, repuestos y más.

 

 

 

“Cada calzado me dura casi un año: camino parejito”.

 

 

 

 

 

La calle es su lugar

Soltera, sin hijos y dueña de una paciencia como la de la gente de antes, a Angelita le gusta preparar la cena “con algo a la olla” para su sobrino remisero Miguel, la hija de Miguel y la nieta de Miguel. En la sobremesa Angelita mira la novela del Trece —Las Estrellas—, hace zapping entre Crónica —por la Quiniela— e Informe 4, mientras separa en pequeñas bolsas transparentes el itinerario para la mañana siguiente.

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De lunes a viernes se levanta a las seis y tiene una rutina de antaño. Desayuna mate con galletitas Express con queso, escucha radio Rivadavia y tiende la ropa enjuagada la noche anterior. Alimenta a sus cuatro perros multimarca —Rebbeca, Felipe, Jerry y Huendy— y luego prepara el café con leche para Miguel. A las 8,30 sale a la carga con una cartera negra de cuero hipergastada y al menos dos bolsas con sobres blancos y en papel madera, más bultos que van desde zapatos despegados a celulares en coma cuatro.

 

 

 

Hace tres décadas, Angelita arranca su trabajo a las 8.30 desde Salvador María.

 

En las dos caminatas que hice a Luján llegué intacta

 

 

 

Con sus zapatillas negras Nº 38, arranca con las primeras diez cuadras hasta la Avenida Topa, cerca de la sede del Club Defensores. Allí la esperan algunos comerciantes y todas las personas que desde hace mucho son sus clientes fijos. Ella los nombra como “los de casi todos los días”. Para las 8.55, cuando sale el colectivo con rumbo Lobos, en su cabeza ya tiene todo el mapa del recorrido memorizado. Impuestos municipales, envío de recetas médicas, papelerío de automotores, comprobantes de seguros.

 

 

Vino, boletos y dos viajes a Luján

Angelita es un reflejo —en años— de la sociedad argentina del pasado. Por su memoria con ojo fotográfico y por su manera de concebir el servicio puerta a puerta. Además de los viajes con tejidos, a los veinticinco, tenía un trabajo en equipo en la envasadora Uviac. Su rol era llenar y etiquetar botellas de litro y de tres cuartos con los miles de litros de vino ‘Entrevero’ que llegaban desde la Provincia de San Juan en grandes barriles que el tren descargaba en una tubería de 150 metros que conectaba la estación con la vinería. Tiempo después, junto a su hermana Irma, ya fallecida, tenían una tienda de ropa, donde también ofrecían artículos de limpieza y remedios de venta libre.

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Ella es una testigo de muchos de los acontecimientos más pintorescos de la historia de Salvador María. En el año 1978, fue la primera pasajera en subir al viaje inaugural que hizo el colectivo de la línea Salvador María-Lobos. Así lo recuerda: “Rosso, el dueño, llegó tocando bocina y todo el mundo salía de sus casas para ver y saludar, ese día viajamos cinco personas”. Como en muchas de las mañanas de aquel pasado, Angelita es una parte del paisaje interno de los colectivos. Por eso, en cada uno de los viajes —60 kilómetros diarios en una hora cuarenta— siempre va con sus bolsas en los asientos de adelante. Es una postal en movimiento.

 

 

Sobre su forma “ligerita” de caminar remarca: “Los médicos me dicen que me ayuda esto de estar todo el tiempo en actividad”. Angelita recuerda que hizo dos caminatas a Luján “sin problemas”. La primera desde Salvador María, recorriendo 102 kilómetros. “Fue una odisea y muchos de los que salieron no llegaron ni a Navarro”. De la segunda, con salida desde Liniers (apenas 60 km), asegura: “Llegué intacta”.

 

 

Comisionista récord. Angelita camina 140 cuadras por día.

 

 

En el pueblo de Angelita dicen

Nicolás, comerciante. “No sé lo que es ir a pagar el seguro, siempre va Angelita”. Alberto, plomero. “Una vez me llevó una bomba centrífuga de esas que pesan nueve kilos”. Esmilda, jubilada. “Yo ya cumplí 83 y no puedo viajar a Lobos sólo por una receta a la farmacia, entonces, se lo encargo a ella”. Juan José Fernández, gasista. “Siempre la gasto y le digo: ‘si estuvieras a la venta como un auto, con la cantidad de kilómetros encima que tenés, valdrías muy poco, Angelita”.

 

 

Por eso, desde hace tres décadas en muchas de las casas de Salvador hay una frase que se repite ante el advenimiento de algún tramiterío impersonal. Ese enunciado dice: “Mandemos todo con Angelita”.

 

 

Cobertura fotográfica: Fernando Sambade / Espacio Mirar!

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