Confesiones de nuestra dama del tango: “El público lobense no se impresiona tan fácil”


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Alicia Luna trabaja en un café en la ruta 41. Sin embargo, es conocida por su otro trabajo: la música. Desde hace años, es la cantante más popular de la ciudad. Hoy sueña con grabar un disco de tangos clásicos. El día que una crítica le dio un vuelco a su carrera.  

 

 

“Mi único instrumento es la voz”. A los diez, Alicia Luna estaba en una búsqueda sincera. Los escenarios de ayer —en la escuela— y los aplausos de hoy —en teatros, bares y clubes— son para ella una fuga. “No me imagino una vida sin cantar —dice y ríe— necesito cantar: yendo al trabajo todos los días o en la ducha”.

 

Hoy, actúa junto a la cantante Myrian Victor, donde repasan un amplio repertorio del cancionero popular, pero con temple lobense. “Se arman buenos climas”, asegura feliz. El recorrido hasta estos días, se hizo piel en Alicia con poco más de quince. Para sorpresa de muchos, no comenzó por el rock ni el folklore o la cumbia. No: arrancó a cantar tangos. “Acá se veía como raro que una chica cantara esas letras tan aguerridas”, explica. Pero —al igual que el verano— todo llega. Un año después, fue medalla de Oro en los Torneos Juveniles en Solista Femenina de Tango. En la ciudad empezaron a reconocer su nombre y a asociarlo con los sonidos del arrabal: “El reconocimiento fue la catapulta”.

 

 

Necesito cantar: yendo al trabajo todos los días o en la ducha

 

Las caras de la Luna

Para autodefinirse, Alicia usa sólo siete palabras, sin vueltas. “Cantante que ensaya mucho y que afina”, dice de un tirón. Dentro del universo musical de Lobos, ella asentó su voz en diferentes proyectos. Desde el folklore al tango, reggae-rock-blues a la bossa nova. No obstante, muchos destacan su facilidad de adaptación a los diferentes estilos. Con Miryan Victor hace dos años que comparten escenarios. “Alicia se acomoda muy bien a cualquier ritmo”, observa Miryam. “Además, genera con el público mucha atracción”.

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Alicia habla suave y con acento de provincia, fluido y prolijo. Heredó de Nélida, su mamá, esa sonoridad que viene desde Misiones. “Yo no nací allí sino en San Martín —advierte— el acento de mi madre se me pegó para siempre”.

 

Su infancia transcurrió en el campo. Hizo la primaria en una escuela del paraje Barrientos y comenzó —cuando se mudaron a Lobos con su familia— la secundaria en el viejo colegio Nacional. Allí, hizo sus primeros pasos en el coro de Elu Reyes. Fue él quien como profesor de Música la descubrió entre la multitud. “Ella dejaba todo aún en los ensayos” se acuerda Reyes. Luis Molina, reconocido sonidista de la ciudad, escuchó por primera vez a Alicia en 1995, cuando formaban parte del Coro Polifónico. “Era una referencia para todos los que estábamos junto a ella”, recuerda.

 

 

 

El periodista radial Alberto Enriquez, interpretó junto a Alicia y el músico Pato Sambartolomeo, el espectáculo de música y poesía, Los dos y la Luna. Enriquez narra que cuando surgió la idea de hacer el show con esos componentes, con Sambartolomeo se rompieron la cabeza en pensar en la voz adecuada. Tenía que ser alguien que cantara tangos, interprete algo de rock y tomara el tono de autores españoles. Alicia aceptó el reto. Enriquez, rescata que en cada show demostró un gran compromiso con la obra y estuvo más allá de lo técnico: “Alicia puso en cada show hasta el último músculo de su cuerpo”.

 

Música y poesía. Los dos y la Luna, 2015.

 

 

 

Algo ‘marcadito’

De aquellos años le quedaron algunos buenos recuerdos y un trago amargo. La cuestión pasaba por “quién podría acompañarme para salir a cantar”, narra nostálgica. Empezó a ensayar con un señor que tocaba el piano y se complementaban bien, pero tenían un gran problema. Alicia larga una risa de honda respiración y tira: “¡No teníamos cómo movilizar el piano!”.

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“Hay algo que me quedó marcadito”, cuenta un poco más seria. Fue así: un señor, muy conocido en el ambiente de la música, la escuchó cantar y ventiló que ella tenía como cierta soberbia al gesticular y por eso, era difícil que conectara con los músicos. Fue grande la Luna. “¿Qué vio?”, se preguntaba. “¿Por qué esa maldad?”. Finalmente, la espina terminó siendo carne al fin. Después, el cambio: “Esa crítica hizo que fluyera de otra manera”.

 

 

 

 

 

Me defino como cantante que ensaya mucho y afina

 

 

¿Qué crees que le falta a la movida cultural lobense?

Desde la cultura se hace todo a pulmón. Hay mucha materia prima, somos una ciudad donde todo es bien bonito: en la danza, el canto, la pintura, poesía. Falta, quizá, más coordinación para que se le dé verdadera importancia.

 

 

Adaptación. Alicia canta tangos, folklore, blues y reggae.

 

 

Alicia en el país

La inclusión de Alicia en muchos proyectos musicales no es casualidad. Representó a Lobos en Córdoba a dúo con el guitarrista y cantante Horacio Pampero Gravaglia, en Cosquín. Además, el dúo ganó un concurso de canto haciendo música típica en Paraguay. En la provincia, recorrió los escenarios de Coronel Vidal y Ayacucho, en la conocida Fiesta del Ternero. También, participó en los dos discos de la banda de reggae local Don Pirulero y los del Moño, Un gran día y Liviano. En 2014, formó parte del regreso de la legendaria banda de blues local 11-14. Mariano Vairo, cantante y compositor, define su voz como “característica de las negras bluseras de los ’50, con el arrabal de la milonga canyenge y el tango bien porteño”.

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Tras tantos años de recorrer escenarios: ¿Qué opinás del público de Lobos?

Hay que saber llegarle. A veces cuesta entrar en clima y no se lo impresiona tan fácil. Hay que dar una buena prueba y ahí sí se puede generar un buen feed back y lograr un clima único.

 

Hoy, su sueño es grabar un disco solista. Quiere incluir sus canciones favoritas del repertorio tradicional del arrabal. “Estarían esos temas que me fluyen con placer”. Sobre ese amor, concluye: “El tango y yo mantenemos una nostalgia permanente”.

 

Cobertura fotográfica: Estudio Mirar

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